¿El disco más esperado del año?, probablemente, no hay lanzamiento de IRON MAIDEN que no sea esperado por sus hordas de fans alrededor del mundo, simplemente no se puede tener suficiente de la doncella, es que siendo una de las bandas más longevas de la actualidad, con un extenso curriculum discográfico y adorados como pocos son de las agrupaciones que cada disco cae como una bomba atómica en medio de nuestro querido mundo metalero...nadie queda indiferente, todos opinan. Si a una persona le gusta MAIDEN o no pasa a ser casi secundario, escucha el disco igual.
¡Por fin una portada como las antiguas!, a pesar de que Eddie queda bastante relegado en el dibujo por fin volvemos a ver un artwork como los de antaño, dejando atrás las portadas digitales de Brave New World y Dance of Death (que sin duda es la peor portada en la historia de la banda).
Este ya es el tercer disco con Bruce Dickinson de vuelta en las voces, este hecho marcó toda una nueva era para la banda, saliendo de ese oscuro sonido que lograron con Blaze Bayley, la vuelta de su más enigmático frontman hizo volver a las banda a la senda de una estructura musical más progresiva como el sonido que habían logrado en el gran Seventh Son of a Seventh Son. Si algo heredó IRON MAIDEN de la época con Blaze fue ese marcado gusto por hacer cada vez más canciones a mid-tempo y de mayor duración, algo que se ve en su máxima expresión en A Matter of Life and Death. Si bien antes ya habían hecho temas así, por ejemplo “The Rime of the Ancient Mariner” y “Alexander the Great” fue en la época de Blaze donde definitivamente temas de este estilo pasaron a ser canciones troncales en los discos. En la ‘nueva era de Dickinson’ la presencia de estos grandilocuentes temas va en aumento, si ya en Dance of Death sobrepasan largamente en número a los cortes más directos, en A Matter of Life and Death ganan por paliza, de hecho sólo la canción que abre el disco “Different Worlds” cae dentro del típico single y primer track de Harris & Co., para más sorpresa esta canción ni siquiera fue el single del disco, sino que fue “The Reincarnation of Benjamin Breeg” (dicho sea de paso debe ser el mejor single de la banda en mucho tiempo).
Este disco está lleno de poder, si bien sólo muestra atisbos de contundencia en cuanto a lo pesado de la música, logra una especie de enaltecimiento épico, te deja con una sensación de magnificencia y de ‘rey del mundo’ que pocas veces un álbum puede lograr. Con canciones como “Brighter than a Thousand Suns”, “For the Greater Good of God” y “The Legacy” es difícil no sentirse así, la atmósfera reflexiva que logra la banda en la introducción del tema y luego ese desate de poder liderado por la eterna voz de Dickinson realmente deja con el ánimo por las nubes.
Con Bruce Dickinson hay que sacarse el sombrero y los zapatos, si bien ya no tiene la voz que tenía hace 20 años en temas como “These Colors Don’t Run” y “The Pilgrim” (por no nombrar a todo el disco) deja los pulmones afuera cantando y demás está decir que el exquisito histrionismo vocal de Dickinson se nota en todo su apogeo en este disco, logrando transmitir toda la angustia de “The Longest Day” y el misticismo de “The Reincarnation of Benjamin Breeg”.
Otro punto altamente destacable es lo fresco que suena el disco, no hay una sobreproducción ni un afán de sonar extremadamente pulcro como haría pensar un disco tan ambicioso como este, sino que suenan como si estuvieran tocando en frente tuyo, muy natural. Además cada integrante de la banda suena excelente en su instrumento, los tres guitarristas se lucen en sus solos, el bajo de Smith suena espectacular y McBrain parece metrónomo llevando las riendas de la banda.
Lo que personalmente más me gustó del disco fueron las letras que son simplemente increíbles, en las canciones sobre la guerra (a pesar de la portada el disco no trata solamente de esto) el enfoque ya no se ve desde el hombre que se para junto con el pelotón y sale combatir como en “The Trooper”, “Aces High” o la más reciente “Paschendale” sino que ve la deshumanización de los soldados convertidos en máquinas de matar en “These Colors Don’t Run”, la miseria sentida por la bomba atómica en “Brighter than a Thousand Suns” o el miedo e incertidumbre sentida por los soldados en el ‘Dia D’ en Normandía en “The Longest Day”, letras que son bastante más complejas que la de los temas anteriores ya que van mucho más allá de una descripción visual que se podría encontrar en cualquier libro sobre la guerra, hablan de sentimientos y sensaciones haciéndolas mucho más intensas y estremecedoras.
En todos los cortes del disco priman los cambios de ritmo y las progresiones haciéndolo un disco exquisito musicalmente, si bien se puede decir que le falta velocidad o que la estructura de las canciones es demasiado parecida (parten lentas y de repente explotan) esto no le quita ningún atractivo, de hecho no extraño las canciones rápidas (aunque sin lugar a dudas mataría por volver a escuchar un tema como “Invaders” de The Number of the Beast o “Back in the Village” del Powerslave) quien se puede negar a tener un disco lleno de canciones hermanas de “MoonChild” y de “Hallowed be thy Name”.
A Matter of Life and Death no es un disco fácil de escuchar y definitivamente es un disco que NO está hecho para el fan ocasional de la banda, la ausencia de canciones pegajosas con coros ‘oreja’ seguramente va a desilusionar a más de alguien. Quizás a otros no le va a gustar lo extenso de las canciones (el disco dura cerca de 72 minutos y tiene sólo 10 temas), pero apostaría que con el tiempo les va a pasar que van a disfrutar cada bridge, cada cambio de ritmo en el disco y el estilo que tiene IRON MAIDEN para contar las grandes historias que llenan este disco. Para mi este es el mejor lanzamiento de la banda desde el Seventh Son of a Seventh Son y mi firme candidato para disco del año.
UP THE IRONS!!
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