El primer lugar es adjudicado usualmente por Yngwie Malmsteen o algún “neoclásico” de ese tipo, secundado por Vai o Satriani: ese es el esquema general que suele aparecer. Cada vez que se habla de guitarristas virtuosos o se hace una inútil lista de los mejores guitarristas, Marty Friedman no sólo suele aparecer sino que debiese aparecer dentro de ese pseudo catastro de artistas que han demostrado innovar con su instrumento ya sea en el Rock o en el Metal: y, en efecto, así lo ha manifestado. Sin lugar a dudas, el joven metalero lo asocia casi inmediatamente a MEGADETH por su magnífica labor durante 9 años aproximadamente; es decir, preámbulos en este sentido no necesita. Pero tal vez sí a la hora de entrar a registrar su discografía personal: el debut de Dragon’s Kiss abrirá su carrera con un toque bastante deudor de CACOPHONY: el shreding ciertamente abunda pero, a pesar de la colaboración de Jason Becker, se logra atisbar un leve destello de sello personal; Scenes proyectaba una imagen llena de intimidad y sentimiento, sin mayores exacerbaciones; un gran universo de sonidos despliega Music For Speeding, cuyo contenido abarca desde ritmos electrónicos hasta riffs industriales.
Imagínense el nivel de complejidad que debe alcanzar el proceso de composición general: la creación de una melodía que transmita algo distinto a lo que otros han hecho mediante, principalmente, las distintas combinaciones virtuales y posibles con seis cuerdas; que, además, en un 90% no posea soporte vocal alguno y que encasille, en este caso, todo esto en un título tan atractivo pero arriesgado como Loudspeaker: un arma de doble filo, ciertamente, ya que no esperas menos que un material que realmente te produzca las ganas de elevar al máximo el volumen de los parlantes.
El comienzo da cuenta instantánea de que se está frente a un trabajo con un fuerte vínculo con los sonidos característicos del metal: “Elixir” lleva a un estado casi catártico en el que se disfrutan los escurridizos solos pero en el que, a su vez, te desperezas con los crudos riffs; por su parte, “Street Demon (Santa Rosa Wrecking Crew Mix)” va un poco más en la línea de su trabajo antecesor, con variadas distorsiones incluidas. El siguiente track, “Black Orchid”, merece una mención aparte por sus abruptos e inusuales cambios rítmicos; un tema en el cual es una laboriosa tarea llevar el ritmo en conjunto con la canción.
El carácter oscuro y pesado del disco se lo acreditan “Paradise Express” y “Sekai ni Hitotsu Dake no Hana”: ambos con tonos y riffs muy bajos, con solos enganchadores y una rápida ejecución en la percusión, afirmando que este trabajo sin duda es el que más se aproxima al metal y, más específicamente, a círculos como el Thrash y el Heavy. Es el mismo Friedman quien expresó en una entrevista para su página oficial que tenía conocimiento acerca de la agresividad de su álbum y que exactamente eso quería dejar en todos sus fans, debido a ciertas “recriminaciones” que han acaecido por sus acercamientos a la música pop (lo que no quiere decir que deje aparte ciertas estructuras del j-pop y de la música japonesa actual, en general, porque no lo hace): esto se nota en “Viper” y “Static Rain”. También se encuentran temas lentos como “Coloreas Mi Vida” y “Devil Take Tomorrow”, donde sí hay una ínfima colaboración vocal pero en la que la guitarra suena más sutil que nunca y hace olvidar la intervención femenina.
Otro aspecto llamativo es la participación de artistas de gran renombre y calidad musical tales como Steve Vai (“Viper”), John Petrucci (“Black Orchid”), Billy Sheehan y Jens Johanssen, cuyas colaboraciones pueden haber sido una de las causas por las cuales este disco suena más pesado que todos los anteriores que conforman su discografía.
Un disco sobresaliente, con un abanico de sonidos y reales hachazos musicales. Sin agregar mucho más, uno de los mejores trabajos del presente año.
|