Sin duda, una de las mayores problemáticas que se suele observar en el círculo de la música es la falta de originalidad en la mayoría de las composiciones: es cosa de darse cuenta que, con mayor regularidad, estamos viviendo la era del bonus track (ya sea un cover, una reedición de un tema antiguo o una presentación en vivo), elemento que se va haciendo casi indispensable. O sea, creo no pecar de soberbio al decir que más del 90% de las bandas metaleras (incluso más) no incursionan en parajes nuevos, sino que se van a la segura con el esquema trabajado por años, lo que no es técnicamente malo pero sí limita en una enorme dimensión el arte musical: puede alcanzar una monotonía que llega a aburrir y es esa la cruda realidad. Y es aquí donde nace un desesperado “Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”.
Desde tierras danesas, MERCENARY da nuevamente que hablar con un estilo pulido prolijamente en este disco del presente año con un sello que realmente se siente fresco, gestado en una época como el siglo XXI. El que lo hayan logrado es realmente un increíble esfuerzo por la partida de una pieza fundamental: Henrik “Kral” Andersen partía de la banda. Ya se habían anticipado a este sonido en trabajos como el reconocido 11 Dreams y Everblack, donde la mezcla del death, el thrash y las voces limpias de un impecable Mikkel Sandager así como las voces guturales reflejaban las intenciones de la banda: evolucionar, empujar las barreras establecidas en los subgéneros nombrados; una labor que se aproxima mucho a lo progresivo ya que, en estricto rigor, llega a sorprender temas como “Year of the Plague” donde se nota que cada inserción de estilo fue previamente ‘analizada’ y los paradigmas se rompen constantemente: podemos casi compararlo relativamente con lo que hizo Devin Townsend con STRAPPING YOUNG LAD en The New Black. Que no se malinterprete: esto no es bajar de categoría a esta banda, sino que, por el contrario, realmente poner en un pequeño pedestal al sexteto escandinavo. La mezcla que promueven hace que haya casi para todos los gustos, debido a que el radio abarcado es extenso y variopinto: la agresividad de NEVERMORE en “Simplicity Demand” o ARCH ENEMY (en la ya nombrada “Year Of The Plague”) con la originalidad que presentó EVERGREY, por ejemplo. En realidad, una complejidad con escasísimos precedentes. El escuchar “Redefine Me” respaldaría lo que estoy diciendo: cálidas voces en un inicio, bajos galopeos en las seis cuerdas, ambientes melancólicos que se verán repentinamente interrumpidos por las agresivas expresiones de los hermanos Sandager, el bajista Rene Pedersen, quien también colabora en las voces, y un invitado: Bjorn Strid, vocal de SOILWORK.
Y no es difícil que te quedes pegado con el disco, porque sí, también tiene su lado enganchador o más comercial” (entre muchas comillas, por favor): es asunto de escuchar el coro de “Soul Decision” o la extensa “Lost Reality”, que da cabida al trabajo del tecladista, Morten Sandager.
El cierre del disco es simplemente brillante. Las guitarras sonando a full, una activa participación del teclado acorde (pero a la vez desigual) con el estruendoso ambiente formado y una infalible mixtura entre desgarradores gritos y emocionantes voces; una expresividad que logra una alegoría, una simple alusión tal vez al sentimiento de tener conocimiento de las horas que restan.
No suelo colocar estrellas ni calificar discos porque cada lanzamiento tiene sus propias valencias; sólo trato de dar a conocer las aristas de un trabajo. Pero siento que debo hacer una excepción: un más que merecido 10/10. Es un inmenso placer que bandas que no pertenecen al gran círculo mainstream del metal puedan dar como fruto algo renovado, un real ejemplo de que no todo está hecho y que aún queda mucho tiempo para que la música llegue a una exhaustividad absoluta; éste es, definitivamente, un inmenso grano de arena.
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