PAIN OF SALVATION puede muy bien llevarse el gran premio a la innovación. Asombraron con Entropia y la expectación continuó con todos sus lanzamientos hasta Be (incluyendo a 12:5, su elegante disco acústico); todos superando de alguna manera a su antecesor o, por lo menos, llenando las esperanzas de sus adherentes. Pero algo cambió definitivamente con Scarsick, trabajo que trajo consigo consecuencias impensadas, como un rechazo absoluto e inmediato de muchos de sus seguidores.
Uno de los primeros datos a los que se tuvo acceso fue la portada, la cual - como un mero dato anécdotico - fue pensada mucho antes para este disco que la correspondiente al álbum Be. Es una imagen que llama mucho la atención: un rostro humano inerte, que refleja tristeza, soledad, tranquilidad o incluso una extraña felicidad. Es esto mismo lo que ésta, la continuación de The Perfect Element Pt. 1, se arriesga nuevamente a elaborar. El primer episodio del 2000 introducía a dos maltratados personajes perseguidos por sus recuerdos y castigados por los golpes de la vida. Acá se retoman, pero con grandes diferencias musicales.
Por ejemplo, “Scarsick” despliega una instancia de reflexión y desahogo por medio de la multifacética voz de Daniel Gildenlow y las guitarras con potentes riffs y distorsiones, enredadas a lo largo del tema con gritos y versos que parecen sacados de un ghetto contemporáneo. Sale a relucir una de las grandes cualidades de la banda: ensamblar música y letra como sólo ellos saben; haciéndose haber de estilos muy dispares (como el metal y el rap, ocasionando dudas en los all-time fans).
Si esto incomoda en el primer tema, “Spitfall” es aún más estremecedora, ya que un 90% de la canción es rapeada y su mensaje es también más directo: vidas sin personalidad, fama inauténtica, logros sin contenido, televisión chatarra y una gran burbuja donde gastar tu dinero sin prestar atención alrededor, cortesía principalmente de la cultura estadounidense. Personalmente, el gran logro de este tema es cómo se crítica, incorporando de manera casi trovadoresca la jerga cotidiana de EEUU. La moraleja, eso sí, ya es conocida: mientras más alto crees que subes, más larga y dolorosa será la caída. Creo que ningún otro disco de los suecos tenía una apertura tan oscura y pesada como éste.
“Cribcaged” es un bello tema iniciado por un ligero piano, melosos acordes de guitarra. Recuerda un tanto la melancolía y agresividad de “A Trace of Blood” y el monólogo de Edward Norton en “The 25th Hour”, pero con una estructura personal bien distinguida y un ambiente mucho más acústico. Acá, no se salva nadie: con sólo decir que hasta los posters de Al Pacino son mandados a la punta del cerro.
No basta con sólo el pop ni el rock, sino ir hasta estilos dejados como el country para construir una canción como “América”. Dan ganas de ver cómo resultaría por lo menos una canción de Devin Townsend con Daniel Gildenlow. Bueno, esto se acerca bastante a ese resultado.
“Disco Queen” es la evidencia irrefutable de que no existen límites creativos dentro de la mente de Gildenlow. Mezclando música disco, pop y rock, la canción hace fruncir el ceño al principio, pero maravilla finalmente. Siempre la banda nos entrega una que otra excentricidad y ésta es una de ellas. Punto alto del disco.
“Kingdom Of Loss” es una canción lenta y acústica en su gran mayoría con un destacable trabajo en cuanto a instrumentos se refiere. Es también un espacio para descansar los sube-y-baja de los tracks anteriores y una advertencia sobre el consumismo imperante: “primero pagamos por la comida rápida que nos pondrá a todos gordos y cansados. Así después pagamos por ascensores para ahorrarnos las tres escaleras y llegar a nuestros departamentos. Después compramos las malditas máquinas StairMaster para que quememos calorías mientras vemos en la televisión a alguien preparando comida de verdad. Ahora, si eso no nos hace ganadores, no sé qué lo hará”. Triste, pero cierto.
Desde este punto en adelante, “Mrs. Modern Mother Mary” y “Idiocracy” poseen variaciones musicales abstractas, basándose mucho en teclados y cuanta cosa electrónica productora de atmósferas seudo-industriales. Mismo caso para “Flame To The Moth”, tema que ya deja a la segunda mitad del disco como la más débil. Sin embargo, el final debía levantar este bajón y terminar con magnificencia, y lo hace. “Enter Rain” es todo lo que se puede esperar como epílogo para este controversial producto: un corte emotivo, potente y misterioso. Un final perfecto para un elemento perfecto.
Para algunos, es conocido la aversión de D. Gildenlow hacia la ‘american way of life’ y la administración Bush (o Blix, según el disco), manifestado en diversas entrevistas y actos, como el no querer ingresar a los Estados Unidos a dar conciertos por la política impuesta desde los atentados del 2001. Debe haber sido latente el sentimiento, ya que logró tener un considerable espacio. Ciertos títulos como “Cribcaged” o “Disco Queen” traen implícita una sórdida visión del ritmo vital estadounidense y son ataques que pareciesen tener como objetivo principal la llamada ‘tierra de la libertad y los valientes’. Pero pecaríamos de ingenuos (además de subvalorar la aguda brillantez de Daniel) al pensar que esto se trata de un ‘palo’ directo sólo a ellos. En realidad, es un pensamiento universal de cómo el hombre se está desenvolviendo en la actualidad, cambiando valores e ideales por enfermas formas de vida. Por otro lado, la música no es tan intrincada y detallista como cualquier (exigente) amante de la música progresiva esperaría; no como la presenciada en, por ejemplo, la primera parte de esta historia. Pero no sólo han impuesto ya una marca en su música, sino que también han maravillado con sus trabajos conceptuales. Es probable que la débil acogida a este nuevo trabajo se deba al nuevo enfoque que la banda decidió tomar: no inspirarse tanto en los instrumentos (los cuales aún suenan frescos, no hay duda de eso), sino trabajar aún más las letras. Acá, el mensaje... es una bofetada al mundo, realmente. Los personajes de esta historia – inadaptados a la sociedad – no tienen otro destino más que el quiebre mental y la pérdida de su quintaesencia. Da como para pensar y - de pasada - extenderse hablando sobre ello, ¿no?
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