Luego de seis años desde que la banda se formase, los penquistas de HARMONY lanzaron el año pasado The Prophet Land, su segundo LP (su primer larga duración fue From the Begining... Until the End, lanzado el año 2001).
Es extraño. Ya que suelen ser las bandas inscritas al círculo del Thrash - en su gran mayoría - las que desarrollan temas de actualidad y problemas de contingencia; es decir, forjan en sus letras más realidad que ficción. Por ejemplo, criticar el status quo de una sociedad u observar las causas y consecuencias de la guerra desde la perspectiva de las víctimas. Es como si alguna vez hubiese habido un secreto pacto: los temas ficticios se los adjudicaría el metal más melódico (y se han tomado esto tan a pecho que ya desespera la falta de originalidad en estos estilos). Pero es esta humilde banda nacional la que se atreve a dejar de lado los temas mágicos, místicos, misteriosos (y cuanta “m” se le pueda ocurrir a uno) recogiendo un contexto ajeno – como el mediooriental – para desarrollar sus letras y su música.
Una de las primeras cosas que saltan a la vista es el sonido del disco. Si bien pudo haber sido mucho mejor, lo difícil y sacrificado que es para cualquier banda sacar un disco (más en un país como el nuestro) no es un tema menor. En cuanto a los temas, en general se encuadra en una mezcla entre Heavy y Power de pegajosos coros; esos que, aun cuando no entiendas jota del inglés, los disfrutas o – en último caso- chamullas; claros ejemplos son “Killing the Dreamer” (con riffs iniciales dignos de una canción de SYMPHONY X), “From the Hell” (con harto gusto a GAMMA RAY) o “Speed and Shouts”, ésta última consagrándose como el mejor tema de la placa, con una poderosa voz de Alfredo Castro y hábiles guitarras de Sepúlveda y Fuchser: un track corto, rápido y talentoso; nada mejor. Da gusto ver la agilidad de estos músicos en las seis cuerdas, así como también molesta a ratos tanta parafernalia a lo Yngwie Malmsteen en cortes que - sin estas intervenciones - habrían quedado con un mayor grado de originalidad.
Otros temas tales como “Echoes Of Fire” aparecen criticando al imperialismo estadounidense y su violento actuar en tierras medioorientales con afanes personales y económicos, como convertirse en “lord and master of black gold divine”. En realidad, cada canción es como un breve relato teniendo siempre un factor común: su contexto. También hay espacio para una canción instrumental, llamada “The Last Hope Song”, con otra destacable actuación de las guitarras. Del mismo modo, Castro se luce en las voces: un tono agudo y rasposo para nada sobrecargado y una plausible pronunciación del inglés, escurridizo rasgo en el currículum de los vocalistas nacionales.
Siempre hay un deseo por algún pequeño triunfo de las bandas nacionales; de ahí tal vez la dificultad de ser totalmente imparcial, pero se hace un máximo de intento. Así como lo hicieron estos muchachos, quienes, en síntesis, brindan una muy buena producción en su disco, a excepción del sonido, el cual pudo haber sido notoriamente mejor. Una propuesta arriesgada la de tratar temas de tal complejidad, pero de la cual HARMONY sale muy bien parado. Mención honorabilísima para la carátula, cuyo diseño gráfico es simple, pero contundente, logrando resumir muy bien la idea del álbum con pequeños detalles. Heavy/Power criollo en su máxima expresión; nada más que las correspondientes felicitaciones.
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