Con gran ansiedad esperé la salida al mercado de “Gambling With The Devil”; claro, cómo no, si HELLOWEEN es una de mis bandas favoritas y –como todos sabemos- una de las “instituciones” más importantes, influyentes y respetadas de la historia del Heavy Metal.
Luego de dos lanzamientos con la formación Michael Weikath (guitarra) – Markus Grosskopf (bajo) – Andi Deris (voz) – Sascha Gerstner (guitarra) y la inclusión de Dani Löble (batería), cuya crítica fue bastante dispar alrededor del mundo, las expectativas sobre este nuevo trabajo variaban entre la escepticismo y la esperanza del “regreso” de la calabaza; personalmente, no era mi caso, ya que Rabbit Don’t Come Easy (2003) es uno de mis discos preferidos de Helloween con Deris en las voces y The Legacy (2005) contenía joyas como “The King For A 1000 Years”, “The Invisible Man”, “Silent Rain” y “Occasion Avenue”. De todas formas, ambos poseían un sello que los distinguía notablemente entre sí, por lo que no sabía qué podría mostrar Gambling With The Devil.
Las dudas comenzaron a disiparse rápidamente una vez que “Crack The Riddle” –breve introducción con la participación estelar del gran Biff Byfford (SAXON)- da paso a la potencia melódica acelerada de “Kill It”, un bombazo que trae de regreso la agresividad de los mejores tiempos de la banda -muy al estilo de “Push” (Better Than Raw, 1998)- tema derechamente mortífero que muestra al (injustamente) cuestionado Andi Deris en su mejor forma, luciéndose con una interpretación desgarradora, matizada con sus ya clásicas líneas melódicas, dando forma a un bridge y un coro que estará dando vueltas en tu cabeza por semanas; instrumentalmente, Weikath y Gerstener se complementan y se despachan una serie de riffs y lead breaks asesinos y memorables, encontrando en Grosskopf y Löble el peso y la consistencia indicada, junto con unos teclados (a cargo de Friedel Amon y Matthias Ulmer) que otorgan una atmósfera que inmediatamente te introducirá en el concepto el álbum. Un inicio sencillamente brutal.
Las revoluciones siguen al tope con “The Saints”, el tema más largo del disco, en que el suizo Löble se luce y consolida como el baterista que mejor se ajusta al estilo del HELLOWEEN actual. Se trata de un track que podría transportarte –en cierto sentido- a los pasaje más speed y melódicos de The Dark Ride (2000) y a la tónica general de Rabbit Don’t Come Easy (2003), cuya parte central muestra a las twin guitars en su mejor forma, regalándonos armonías que quisieras que no terminaran, llenando el ambiente de energía y frescura. Deris, una vez más, sólido, agresivo y melódico. Sin temor a ser exagerado, creo que es uno de los mejores temas de la banda del último tiempo, al menos, desde su reformulación a partir luego de la gira de The Dark Ride, junto con la monumental “The King For A 1000 Years” (The Legacy, 2005)
Lamentablemente, Markus Grosskopf, comienza a notarse –ya en la tercera pista del CD- cada vez menos, perdiendo así uno de los sellos más patentes de la música de Helloween desde mediados de la década de 1990. Su aporte pasó a ser el de una tercera guitarra, siendo un elemento que pasa casi inadvertido. No me gustaría señalar culpables, pero creo que Charlie Bauerfeind tiene mucho que ver en esto, distando demasiado su trabajo de la producción y mezcla del gran Tommy Hansen en Master Of The Rings (1994), The Time Of The Oath (1996) y Better Than Raw (1998).
“As Long As I Fall” es el primer (y hasta el momento, único) sencillo del álbum. Saca el pie del acelerador y te introduce en un track muy del estilo de “If I Could Fly” y “Never Be A Star”, en una vena más accesible, muy típica de las composiciones más comerciales de Andi Deris (lo que es una conjetura, ya que en los créditos del disco, se atribuye la creación de todos los temas a la banda completa), las que históricamente no siempre han sido de mi agrado; caso contrario ocurre con ésta, que me parece un tremendo tema, muy poderoso (engaña su inicio como balada) y que con sus arreglos de piano y teclado encaja perfectamente en el álbum.
Sin descanso aparece la demoledora “Paint A New World”, bastante heavy, guitarrera, acelerada y ultra melódica, con un coro memorable y un mensaje contingente y consciente, marca registrada de la calabaza y del Heavy Metal en general. Power Metal puro y directo. Uno de los mejores temas del álbum, para mí, número fijo en el tour que se aproxima. Lo contrario ocurre con “Final Fortune”. Quizás por su ritmo menos frenético y un coro olvidable (creo, el único punto bajo de Deris), desencaja un poco, aunque la parte de los solos y la percusión suben sus dividendos.
A diferencia del último track, “The Bells Of The 7 Hells” es una nueva muestra de las mejores composiciones de la banda, variando desde ritmos y momentos potentes y veloces hacia los más sentidos, en que el trabajo de Grosskopf tiene –al fin- un rol de llevar la canción, junto con teclados que aportan una particular profundidad. Es un tema vigoroso y arrollador, con un coro glorioso y un riffing mortífero. Uno de los puntos más altos de este “Gambling With The Devil”, muy en la vena de “Hell Was Made In Heaven” y con ciertos pasajes de “Occasion Avenue”. Unida se encuentra “Falling To Pieces”, cuyo trabajo vocal no me agrada demasiado, lo que contrasta con las líneas instrumentales, cargadas de cambios y matices que te hacen olvidar un inicio engañoso y algo débil, repitiéndose lo mismo hacia el final del tema. Inmediatamente comienza “I.M.E.” que continúa con cierto desperfilamiento que sufre el concepto del disco, ya que, siendo una buena canción, baja las revoluciones y hace decaer el ritmo y la mística que tan bien se habían construido con la gran mayoría de los temas que lo anteceden, siendo una composición dura y menos melódica (una buena referencia sería “Mirror Mirror” de The Dark Ride), cuyo contraste absoluto lo encuentra en el tema que le sigue, “Can Do It”, que sería la más clara respuesta a quienes tienen dudas de lo que se ha llamado –pienso, despectivamente- “Happy” Metal, siendo un track instrumental y vocalmente muy melódico, y líricamente optimista, tal como el mensaje general que ha transmitido HELLOWEEN, al menos, desde 1987. Un clarísimo antecedente sería “The Game Is On”. Ambos temas podrían resultar desconcertantes, pero HELLOWEEN es HELLOWEEN y este tipo de composiciones son una “especialidad de la casa”. Bien igual. De alguna forma, podría decirse que es un tema “entretenido”.
Acercándonos al final del disco, “Dreambound” se desarrolla sin gran sorpresa, destacando un pre-coro, como diría Deris, “de puta madre” y unos leas fantásticos, acompañados de teclados muy al estilo de ciertas bandas finlandesas. Muy bien, a fin de cuentas, para dar paso al gran final con “Heaven Tell No Lies” que desde su melodía introductoria hasta el ataque de sus speedy riffs se constituye como una pieza sólida, sintetizando notablemente el destacado trabajo de cada miembro a lo largo del álbum, regalándonos –como desde 1985- melodías inolvidables que forman parte de la banda sonora de la vida de muchos de nosotros, a pesar de que “las aguas se dividan” al momento de sentarse a conversar de la banda; tanto así, que llegaría a sugerir que se reemplazara un par de temas (si se quiere, “intrusos”) del disco por los que se incluyeron sólo como bonus tracks en un CD extra de la primerísima edición de Gambling With The Devil. Me refiero a las excelentes “Find My Freedom” y “See The Night”.
Pero claro –en relación a lo anterior- a quién podría importarle mi opinión, si la historia la hacen los músicos a través de los distintos conceptos que expresan en cada una de sus entregas. Es éste el caso de HELLOWEEN, que pese a las divisiones, peleas, dudas, críticas, certezas, alabanzas, errores y aciertos a lo largo de los años, ha conseguido regalarnos, una vez más, un trabajo derechamente notable, en que Weikath, Grosskopf, Deris, Gerstner y Löble demuestran que son rockeros de esencia y músicos muy, muy honestos. Nuevamente, la legendaria calabaza germana tuvo la última palabra. Mi respeto y agrade
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