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JUDAS PRIEST | "Nostradamus" [Reviews CD]

JUDAS PRIEST | Nostradamus

PlayList

    Act 1
    01. Dawn of Creation
    02. Prophecy
    03. Awakening
    04. Revelations
    05. The Four Horsemen
    06. War
    07. Sands of Time
    08. Pestilence and Plague
    09. Death
    10. Peace
    11. Conquest
    12. Lost Love
    13. Persecution


    Act 2
    01. Solitude
    02. Exiled
    03. Alone
    04. Shadows in the Flame
    05. Visions
    06. Hope
    07. New Beginnings
    08. Calm Before the Storm
    09. Nostradamus
    10. Future of Mankind


  » Autor: Guillermo Stackwitz Barrera :
  Comentario
Tres años después de haber lanzado el excelente Angel Of Retribution -discazo, gran placa para celebrar la reunión de la formación más clásica de la banda-, Judas Priest nos entrega su décimo sexto álbum de estudio, el esperadísimo Nostradamus.

Como gran parte del público rockero a nivel mundial sabía desde hace un tiempo, se trataría de una obra conceptual acerca del farmacéutico y consultor astrológico francés del siglo XVI, Michel de Nôtre-Dame –Nostradamus-, mundialmente conocido y reconocido por su autoría de profecías y eventos futuros.

Si el sagaz lector –o el fanático más atento- ha podido notar, pareciera no ser gran cosa lo expuesto, ya que los discos conceptuales no son ajenos al mundillo del Metal; y menos aún lo son las temáticas relativas a profecías y relatos de épocas pasadas. Pero estamos hablando de Judas Priest, hasta antes de este lanzamiento, fiel exponente del sonido más directo y clásico del heavy metal, ajeno a las exquisiteces sónicas y a pomposos arreglos orquestales, quienes luego de 40 años de carrera, 15 álbumes de estudio, 4 discos en vivo, miles de presentaciones en directo y millones de kilómetros recorridos en giras alrededor del mundo, se aventuran, por primera vez, a editar un trabajo conceptual, siendo –según los mismísimos Glenn Tipton y Kenneth Keith Downing- su proyecto más ambicioso, artísticamente hablando, constituyéndose como un viaje musical sin parangón alguno. Creo que es este punto el que dará importancia en el futuro a este lanzamiento, no así la historia que como concepto ofrece, ya que ha sido tocada muchísimas veces –como se ha señalado- en distintos álbumes a lo largo de la historia del Metal. La evolución constante de la banda es, a mi parecer, lo destacable y relevante para analizar; por ello, no me detendré en la revisión “uno a uno” de los temas que dan forma al disco.

Me incluyo entre los que esperaban algo totalmente diferente a lo que Priest nos tenía acostumbrados. A pesar de que soy de esos que sostienen que todos los discos de Judas Priest son distintos entre sí, este Nostradamus (cuya estructura está dada por dos Actos, perfectamente separados en cada uno de los discos del set) sería el que rompería con todos los esquemas impuestos por la banda hasta el día de hoy. Quienes no hayan escuchado el álbum, no esperen un nuevo Painkiller (1990) o un Defenders Of The Faith (1984), mucho menos un Stained Class (1978) o un Sad Wings Of Destiny (1976). Ni pensar en un nuevo British Steel (1980).

Los que ya han disfrutado del álbum, podrían concordar en señalar que el sonido de éste se acerca, en aspectos muy específicos, al de Angel Of Retribution, esto es, en lo referente a su composición e interpretación, en especial los temas más pausados, que podrían encontrar su antecedente en composiciones como “Angel” y “Eulogy”. Mientras que las más extensas y épicas, hallarán obligada referencia en la experimental “Lochness”. Con ésta, ya se preveía el giro que Judas Priest buscaba dar. Más intenso, más oscuro y progresivo. Símbolo del constante perfeccionamiento del sonido del grupo -insisto, nunca han repetido un álbum-, ahora, operático y mucho más elaborado, más rico en arreglos, cuya manifestación es la irrupción de nuevos instrumentos (guitarras acústicas, violines y chelos. Lo créditos de “real strings” se adjudican a Pete Withfield), todos necesarios para expresar –en el caso de este álbum- las luces y sombras, el drama y la emoción de la vida y obra de Nostradamus.

Como ha sido costumbre desde la segunda mitad de la década de 1990, los álbumes han sido producidos por Glenn Tipton y K. K. Downing, principalmente. Quizá, los grandes responsables de la clara heterogeneidad del sonido de Judas Priest en los últimos 11 años. La mezcla de Attie Bauw parece ser la más adecuada a los tiempos actuales, tal como en su momento lo fue en Painkiller (probablemente, el último gran “bombazo” de los ingleses) con resultados tan excelentes como dispares entre sí.

Notorio y notable es la adquisición de mayor protagonismo de un instrumento que los seguidores más antiguos del grupo reconocen como secundario en su música: el teclado. Gracias, una vez más, a Don Airey (ahora, al igual que en Angel Of Retribution, apuntado en los créditos. En Painkiller y Demolition también participó, pero no se le menciona), las atmósferas –pienso yo- se recrean de manera excelente, transmitiendo una intensidad incomparable en la interpretación de los temas. Los riffs característicos de Tipton y Downing se encargan de aportar la dureza a las composiciones y de recordarnos que Nostradamus es un disco de Judas Priest, ya que, a ratos, tanto entradas como temas principales, se alejan bastante del sonido más tradicional y directo del heavy metal, pasando a ser piezas –si me permiten la expresión- más “elegantes” y grandilocuentes, al mismo tiempo que el fiel escudero –e injustamente relegado a segundo plano y, muchas veces, olvidado- Ian Hill, aporta con sus clásicos cañonazos de contundencia, que el nuevo sonido del grupo le proveen mayor claridad e importancia a la interpretación de la obra. He leído algunas críticas referentes a la “pérdida de identidad” de Scott Travis. Verdad; no suena como en Painkiller. Mucho menos como en los subvalorados Jugulator (1997) y Demolition (2001), ni como en sus respectivos álbumes en directo. Pero sus golpazos encajan a la perfección en el Judas Priest “modelo 2008”. La característica de su notable trabajo descansa en la profundidad requerida por la banda hoy, en lo progresivo de las canciones, en el rescate de la sutileza y en los destellos de la brutalidad justa para que -con amplia razón- Glenn Tipton considere queNostradamus es el álbum del cual se puede sentir más orgulloso.

Algunos podrán preguntarse sobre el desempeño de Rob Halford. Es cierto, el viejo maestro ya no canta como antes. Pero déjenme decirles que su nivel actual es el ideal –perfecto, diría yo- para lo que Priest realiza hoy en día. Algunos destellos de los alaridos inhumanos característicos del Metal God de antaño aparecen en este álbum, siendo su irrupción definitivamente notable. Mas un tono pausado, más oscuro y profundo son la tónica vocal de este Nostradamus, muy similar a los temas más “dark” del Crucible de Halford. (álbum, 2002).

Confieso que me costó bastante asimilar el nuevo sonido de Judas Priest. Especialmente cuando mis discos favoritos de los de Birmingham son Sin After Sin (1977), Stained Class, Point Of Entry (1981) y Ram It Down (1988). Los dos primeros, fieles exponentes del sonido más crepuscular y crudo de la etapa más primigenia del grupo. Los otros, claras muestras del sonido más directo –“comercial”, si el lector prefiere– de la banda. A cada escucha de este Nostradamus descubro elementos nuevos, pequeñas sonoridades, efectos y melodías que me hacen valorar aún más este trabajo.

Mientras esperamos con impaciencia la segunda visita de Judas Priest a Chile, recientemente anunciada para los primeros días de Noviembre del presente año, es preciso concluir afirmando que requerirá de algún tiempo otorgarle a Nostradamus el real valor que tiene. Creo, sin temor a parecer exagerado, que es un álbum recomendado casi exclusivamente a los conocedores del grupo, a los viejos verdaderos seguidores. Es decir, a quienes valoran el pasado y el presente de Priest, a quienes entienden su historia, en parte, como un universo generoso de himnos inmortales, riffs y solos inolvidables, y aventuras tan arriesgadas como exitosas.
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