Si Blaze Bayley mirara para atrás, unos diez o doce años y después recorriera todo el lapso que ha pasado entre su estadía medianamente ingrata en Iron Maiden y hoy, en su carrera solista con cuatro discos y dos registros en vivo y se preguntara qué tan provechosa fue su pasada por la más grande banda de heavy metal de todos los tiempos, está claro que la respuesta sería positiva. Porque si bien, será recordado como el tipo que no fue capaz de reemplazar a Bruce Dickinson, que sacó un par de discos con Maiden, muy bueno el primero (The X Factor) y correcto el segundo (Virtual XI), pero que también será recordado por la parcialidad más recalcitrante de la doncella de hierro como aquel vocalista que muchas hacía pedazos los temas que popularizara el pequeño y talentoso esgrimista. Quedó el estigma y la idea de que Blaze no era buen vocalista. Aserto bastante errado. No es un mal vocalista, pero no era para Iron Maiden. La apuesta de Steve Harris falló y le dejó una estela negativa a un cantante que no tenía alternativa que aceptar el ofrecimiento (cualquiera al que se le ofrezca el puesto lo aceptaría, sería ridículo no hacerlo) y morir en el intento. Lo positivo fue que siempre quedó el nombre de Blaze dando vueltas y cualquier cosa que hiciera iba a tener una repercusión mayor que si no hubiese pasado por Iron Maiden.
Y así nos pudimos dar cuenta de que Blaze Bayley podía, en solitario, lanzar muy buenos discos, que era un muy buen compositor y que no había que tomar tan a la ligera lo que el de Birminghan nos ofrecía. Su primer lanzamiento, “Silicon Messiah”, fue un verdadero mazazo en la cabeza y el año de su lanzamiento incluso en mucha crítica especializada superó como lanzamiento y como obra musical al “Brave New World” de su ex banda, que traía de vuelta a Dickinson en las voces. Un par de muy buenos discos más, con menos repercusión, mal que mal a Maiden lo dejó hace ya diez años, pero que de a poco fue cautivando a un público que cree más en la música de Blaze, que al hecho de ser “el ex vocalista de Iron Maiden”
Y así llegamos al 2008, en donde Blaze nos sorprende con su cuarta entrega y desde el inicio potente y pesadísimo con el tema que da nombre al disco, podemos apreciar que Blaze Bayley ha superado a algunos “ex vocalistas de ...”, que cuando decidieron lanzarse en solitario o no fueron capaces de superar su sombra y cayeron en sus limitaciones (como Paul Di Anno) o no le han dado el palo al gato y deambulan en bandas en donde no son más que un nombre accesorio a la banda, sin resaltar por lo propio (como el extraordinario Tim Owens, que aún no encuentra su norte) o lisa y llanamente se dedican a renegar de su pasado y a ofrecernos gotas de su talento precisamente cuando gotea algo (les suena Michael Kiske?). Bayley no. Sin la voz de ninguno de los tres nombrados, pero con unas tremendas pelotas, no ha claudicado en el intento de crearse un nombre haciendo heavy metal y del bueno. Con sonidos modernos, pero siempre manteniendo la potencia como arma, este disco no da treguas. Blackmailer, es un golpe seco al mentón, con excelentes cambios de ritmo, con una rapidez atrapante, con unas melodías en las guitarras a cargo de Olivier Palotai y Luca Princiotta soberbias, con una batería endemoniada que machaca Daniel Shild.
Es un disco compuesto de forma muy inteligente, en la que cada parte suena perfectamente y encaja con lo propuesto. Smile Back At Death, es un tema que si bien parte melódico y está estructuralmente concebido bajo parámetros más “softs”, deja siempre espacio para el cabeceo, los 7 minutos que dura el tema, con los cambios de ritmo y de atmósferas pasan volando. Lo mismo se aprecia en While You Were Gone, aún más suave, más oscura y más cercana a una “power ballad”, pero con un poco más de poder. Con un excelente trabajo de Blaze, que entiende sus limitaciones vocales y le imprime potencia y profundidad a su voz, más que hacerla llegar hacia unos imposibles (para él) cielos. El tema, que parece balada, pasa a un cambio magistral, con unas guitarras en armonía excelentes, con una aceleración sorprendente.
El bajo de Christian Ammann suena machacante en otro de los grandes temas del disco. Samurai es casi una marca registrada de Blaze. Es ése heavy metal donde él se siente más cómodo, de hecho, suena un poco a lo que él hacía en Iron Maiden, con temas como Futureal o Man on the Edge. Directo. Como A Crack in Smile, que se pasea por ritmos más modernos y unas guitarras que disparan. Incluso llega a extremos de rozar el thrash como la aceleradísima Robot, uno de los mejores temas del disco. Un disco que no aburre, que tiene matices, una variedad muy grande de ritmos. Cada tema es distinto al otro y eso se agradece. Blaze Bayley hace un gran trabajo en este disco.
Podríamos decir que este disco tiene pocos flancos por donde entrarle. Vocalmente está muy bien logrado y rítmicamente sobresale. Es un disco que desborda potencia (ojo con Waiting for my Life to Begin, otro temazo), de un tipo que le ha tocado difícil en la vida (hace poco perdió a su mujer), pero que como hace diez años partió de cero, después de muchas dificultades, lanzando incluso los discos a través de un sello propio. Un tipo con un carácter envidiable, que sigue lanzando buenos discos, como éste. Un tipo que a punta de coraje musicalmente se niega a morir.
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