La tercera placa de los nacionales SIX MAGICS estuvo envuelta de varios retrasos y complicaciones para la banda: la salida de su vocalista, la interminable búsqueda de un nuevo cantante, la producción de David Prater (con quien los discos siempre parecen demorar siglos en salir), y el resultado es un disco de 10 temas, con un sonido de primer nivel, pero…¿realmente es SIX MAGICS lo que suena acá?...
Cuando escuché el álbum por primera vez, quedé impresionado por la potencia del sonido (en este sentido, el trabajo de Prater –ayudado por Javier Bassino, quien sigue haciéndose un tremendo nombre como productor e ingeniero- saca galardones), pero…la música no me llegó para nada. “Ha de ser el cambio de estilo”, me dije, pero 6 escuchadas después mi opinión sigue inalterable.
El disco carece de los elementos que siempre han caracterizado a SIX MAGICS: no encuentras muchos pasajes instrumentales de alta factura musical, ni muchos ritmos up-tempo, ni voces aguerridas, ni temas épicos, ni historias de ficción. Todo suena a una banda gringa promedio que podría rotar en MTV...teniendo a una mujer en las voces, pensé que estaba ante un CD de EVANESCENCE, antes que frente a la nueva placa de SIX MAGICS. Lo que pasa, es que tampoco me logra convencer la nueva propuesta de la banda, aunque se me tilde de un “ortodoxo” musical. A lo mejor falta pulirla con otra placa, pero estoy seguro de que el público “clásico” del grupo no estará muy contento con este giro. ¿Con los grupos que nos gustan no somos todos, al menos, un poco ortodoxos?
¿Criticable?, para nada. La banda hace un giro valiente, pero ello trae consecuencias. Es imposible dejarlos contentos a todos. La evolución musical siempre es algo a lo que hay que apuntar, mal que mal, son pocas las bandas que pueden repetir su fórmula por siempre sin sonar añejas. Igual, siento que el disco está demasiado pensado en lo “mainstream”, muy calculado. Cada pasaje parece haber sido ideado en un laboratorio, y en pocas ocasiones se mueve la cabeza, en ese acusador signo de aprobación o reprobación que es el “headbanging” cuando oyes un disco de heavy metal. A lo mejor, eso es porque lo que hay en Animal NO es heavy metal…
Lo más novedoso del CD, sin duda, es la presencia de la nueva vocalista Elizabeth Vásquez quien cumple un muy buen trabajo para la dinámica de la música. No es una vocalista de heavy metal, y su performance se va más por el lado melódico, lo que se adapta muy bien en temas como “Behind The Sorrow” o “No Time To Grieve”. La dupla rítmica de Mauricio Nader y Pablo Stangnaro es solidísima como siempre, aunque en este nuevo formato ven su performance más limitada y comprimida para ajustarse a las canciones. Y el dueto de guitarristas, compuesto por Erick Ávila y Gabriel Hidalgo sin duda es el que más se perjudica con esta nueva propuesta, ya que los duelos de guitarras están ausentes en todo el disco, y se enfocan a un trabajo mucho más rítmico que virtuoso (ni siquiera todos los temas tienen solos de guitarra, para graficarlo de mejor manera)…es decir, otro vuelco en la forma de hacer música de la banda.
Hay algunas canciones que tienen elementos interesantes, como los riffs en “Lies And Rules” (parece Nevermore ese inicio, brutal), o la pesada “Hands Of Time”, en donde las siete cuerdas hacen efecto inmediato. Rescatamos también “Carcass” y “All My Dreams” como canciones con propuestas diferentes y valorables.
Pero igual en esas mismas canciones, el formato envasado que rige en el disco hace su aparición inexorable como el Chacal de la Trompeta y corta todo lo excelente que podrían haber sido.
Este disco fue una sorpresa, debido a que lo que escucho acá no me parece SIX MAGICS. Lo que está presente en este Animal es un cambio de estilo y de personalidad. Hablando con varios amigos, llegamos a la conclusión de que Prater, como productor, siempre impulsa ese cambio con las bandas que ha producido en Chile (FAHRENHEIT y SIX MAGICS), y lamentablemente no ha dado el resultado que los fans esperan. Y tampoco han tenido la repercusión mediática que quieren, con justa razón, los grupos.
A lo mejor, el CD estaba pensado para un público más masivo, y a ellos les puede gustar la nueva propuesta de la banda. No me meto en esa parte, porque para quien escribe, un “ortodoxo fan” del metal por casi 15 años, aquél es un mundo ajeno.
Desde mi punto de vista, es una situación en la que todos pierden. Pero no todo está dicho en este mundo, y espero que SIX MAGICS retome el rumbo y la buena senda que habían pavimentado por tantos años, con dos tremendas placas a su haber, que los llevaron a llenar teatros con impresionantes marcos de fans. El cariño del público lo pueden ganar nuevamente (si es que alguna vez lo perdieron), y el talento y genialidad para re-posicionarse como LA banda de heavy metal nacional sigue estando presente, aunque de ello hay solo tenues destellos en este disco.
Esperamos que el instinto animal se apague, y vuelva a arremeter el caleuche o los reyes muertos del valle para resucitar el antiguo SIX MAGICS.
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