El nuevo disco de Marty Friedman, el octavo como solista, es un reflejo de su vida en Japón, ya que se basa netamente en covers a temas “J-Pop” (el nombre como se conoce popularmente al Pop Japonés), de famosos artistas del país del sol naciente, que fueron elegidos por los fans nipones a través de encuestas en sitios web de dicha nación.
Con este antecedente, sumado a la experimentación de su último CD, Future Addict, que debe ser lo más horroroso que he escuchado en años, ya que fue una infame placa en donde Friedman destruyó (así, tal cual) temas clásicos de MEGADETH y CACOPHONY. Así que, con todo eso en mente, mis expectativas para este “Tokyo Jukebox” eran nulas.
Pero, afortunadamente, mis prejuicios fueron errados, y Friedman vuelve a la senda trazada en los buenísimos Music For Speeding y Loudspeaker, con un sonido potentísimo y un poderoso baterista, como es Jeremy Colson (Steve Vai) quien le imprime una dinámica brutal a los cortes.
Incluso, es difícil saber que los temas de esta placa son covers, ya que tienen el toque y sonido de Marty presente a cada instante, en lo que convierte a la placa en un lanzamiento extremadamente interesante, cargado de matices. Podemos decir que Friedman “se apropió” de los temas y los hizo suyos. Además, como soy un ignorante absoluto en J-pop, todos los cortes parecen nuevos para mí, así que no tengo “base de comparación” para juzgar.
Como siempre, Friedman demuestra una maestría absoluta en el manejo de las melodías, fraseos y los bends extraños. El sonido clásico de Marty se hace presente en cada segundo, llenando el disco de pasajes realmente inspirados, como en “Eki” y “Asu E No Sanka”.
El miedo a la experimentación no ha muerto, y es así como en cortes tales como “Gift”, “Amagigoe”, “Story”, “Polyrythm” y “Kaeirtakunattayo” demuestran una mezcla de estilos genial, siendo canciones buenísimas que reúnen lo mejor del repertorio personal y patentado de Friedman, y en donde se hacen presentes momentos con bases electrónicas, otros reposados, melodías “saltarinas” y otros instantes derechamente en un plan metalero absoluto. Una mezcla que hace sentido y no se siente extraña…En otros temas, como “Tsume Tsume Tsume” recordamos la potencia de Loudspeaker de inmediato, y también hay hermosas baladas, como “Tsunami”, en donde incluso juega con elementos del jazz y el swing, y “Romance No Kamisama”. En fin, todos los ingredientes que hacen de Marty Friedman un músico tan respetado y admirado.
Un guitarrista con un status casi de leyenda, y que lleva radicado en Japón casi una década, sigue demostrando periódicamente su versatilidad y “camaleonismo” musical, dándose el lujo de jugar con canciones J-pop y transformándolas en temas representativos de lo mejor de su repertorio. Los fans de Cacophony y Megadeth tendrán algunos momentos de regocijo, pero creo que los que más disfrutarán de este Tokyo Jukebox son los amantes de las melodías, sin importar su procedencia, así como a quienes les gusta escuchar experimentos musicales que rompan las barreras normales que se trazan muchos músicos para “ser fieles a su estilo”.
Y, si eres una de esas personas, entonces de seguro este álbum no saldrá de tu propio Jukebox. Discazo.
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