La banda griega que tenía en sus filas al baterista George Kollias, y que posteriormente lo llevo a ser baterista de NILE, nos sorprende con su segundo LP, The Dead End Experiment. Esta vez sin el virtuoso baterista, el trío se las ingenia para seguir innovando dentro del Death Metal técnico y de editar un disco que no tiene mucho que envidiarle a su brillante primera placa.
En When Landscapes Bled Backwards, la agrupación nos mostró un Death metal con raíces muy a la usanza de la vieja escuela, mezclado con elementos progresivos, jazz y electrónica. En esta oportunidad, la banda demuestra que igual puede mantener aquella batería insana y que rozaba la perfección, junto con la esencia y los estándares logrados anteriormente. Al igual que en el primer disco, los miedos a romper esquemas no existen. Bases electrónicas, quiebres jazzísticos y una facilidad para descolocar al oyente son los cimientos que singularizan a estos griegos.
El sonido y la interpretación de los instrumentos se mantienen intactos; las guitarras siguen el mismo patrón brutal y disonante (a ratos medio Groove), mientras que el bajo sí que tiene peso y presencia, da gusto escuchar un instrumento con harta ganancia y con líneas fuera de lo que hace la guitarra. Por último, el actual baterista Alex Zachos cumple con la pega y demuestra que puede interpretar sin problemas el puesto que dejó Kollias. Todo esto sumado a la brutal voz del vocal y guitarra George Antipatis.
Tal vez una de las mayores ventajas que tiene la banda es la gran variedad de recursos que puede utilizar. Juega con los ritmos de batería, con los riffs a destiempo, con la tecnicidad, etc. Por otro lado explota muy bien las sonoridades oscuras con notas disonantes, dándole un ambiente denso a ciertas partes muy a lo GORGUTS. En otras partes el uso de sintetizadores y samples lo llevan a parecerse a las atmosferas logradas en Spheres de PESTILENCE, como también los quiebres con guitarras limpias con toques jazz.
SICKENING HORROR es el ejemplo de banda que puede ser brutal con o sin blast a mil por hora. No digo que acá no existan momentos rajados, pero al experimentar en otros ámbitos musicales (desde jazz hasta electrónica), los temas igual suenan perros y con ese “algo” que te hace cabecear al instante. Sin duda un disco recomendable para los que gozan del Death metal técnico y medio progresivo.
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