En estos tiempos, con todos los géneros y bandas que han salido, uno creería haberlo escuchado todo, pero como dice un sabio refrán “todos los días se descubre algo nuevo”. Ese algo para mi es INFERNAL STRONGHOLD, que tratando de resumirlo es una fusión de justamente los estilos en que se autodenominaron: un Black Metal muy thrasher con grandes matices de Hardcore al hueso, cosa que cualquier ser humano racional encontraría un tanto complicado, pero no, estos gringos lo hacen sonar de tal manera que todos se complementan entre si.
Sin ir más allá, es una devastadora sinfonía en pleno caos.
Godless Noise es el nombre que lleva su segundo trabajo de estudio, al cual no le podrían haber un mejor título, interpretando por este, un pútrido y blasfemo sonido del cual hasta el mismo pate’ cabra huiría con los pantalones mojados.
Con letras orientadas a la religión y la tortura humana en su mayor expresión Godless Noise se lleva más de un par de aplausos.
Pero claramente, no todo es flores para INFERNAL STRONGHOLD, por que si bien, tienen un sello muy original, creo que abusaron un poco de ese Hardcore en el que no se sabe donde empiezan ni termina cual canción, es decir, sin ánimos de confundir la “idea” de un sonido bestial con un engendro sin pies ni cabeza, podrían haber aprovechado de mejor forma los recursos que les fueron entregados por KVN Records.
Ahora, en lo que concierne a los temas, irradian violencia por doquier, pero son bien parejitos, en pocas palabras son casi todos hijos bastardos de “Curb the trend”, canción con la empieza este disco, con riffs de guitarras ultra distorsionadas y sucias bastante simples, pero con un ejemplar trabajo por parte de su batero Gunslut. Sin embargo, ya al final de los casi 27 minutos, hay un temazo para las grandes ligas, como “Fuck thou shalt culture”, que cuenta con un riffs thrashers bien mortales, acompañados de la ya clásica y vomitiva voz de Eddie Chainsaw, además de unos blast beats chacales. De todas formas, y por donde se le mire, es el mejor tema de Godless Noise.
En fin, de expectativas no se puede hablar mucho, ya que estos muchachos son un tanto jóvenes como banda, y menos si tienen como placa debut a Excommunicated; tampoco se puede hablar de arreglos musicales (si de producción) en una mezcla de géneros como tal, de hecho, es esta última la que más dirige la mirada hacia los oriundos de Philadelphia, por que para intentar una mezcla de tal calibre y pasarse por la raja comentarios públicos, hay que tener bolas.
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