Hay veces en que el destino nos tiene preparadas algunas sorpresas. El anunciado regreso de ACCEPT tras 14 años desde su último trabajo de estudio, es una de ellas, gestado casi fortuitamente a mediados de 2009, cuando Wolf Hoffmann (guitarra) y Peter Baltes (bajo), cada uno viviendo en diferentes partes de los Estados Unidos, se juntaron a tocar algunos riffs, tal como lo habían hecho muchas veces antes cuando eran adolescentes en Alemania. Sin percatarse, empezaron a tocar las viejas canciones (“Fast As A Shark”, “Flash Rockin’ Man”, “Starlight”). “Las cosas entretenidas”, según el mismo Wolf, pero sin las líneas vocales, lo que otorgaba sólo “la mitad de la entretención”. Ese punto fue muy importante, ya que un tipo amigo de ellos les dijo que llamaran a un vocalista, un tal Mark Tornillo, ya que no vivía tan lejos de donde estaban ellos y podía unirse a esas sesiones de ensayo. Cabe señalar que su carrera en el mundo del heavy metal es acotada y algo desconocida, porque sólo se desempeñó como vocalista de T.T. Quick, una banda de New Jersey, formada en 1984, cuya discografía cuenta con tres discos de estudio y uno en directo. Personalmente, sólo he podido conseguir su álbum debut Metal Of Honor (1986), que ostenta un heavy rock muy a la vena. Recomendado para los más curiosos.
Fue en una de esas reuniones tocando “Flash Rockin’ Man” que todo pareció calzar. Algo especial había sucedido. Habían encontrado a un nuevo vocalista, sin la necesidad de realizar audiciones con cientos de aspirantes o de escuchar registros de otros tantos. Inmediatamente, se comunicaron con Herman Frank (guitarra) y Stefan Schwarzmann (batería), quienes entusiasmados con el proyecto, se suben al barco y abren un nuevo capítulo en la historia de la leyenda germana.
Ya con la banda armada, la intención era hacer un nuevo álbum y ser producido por ellos mismos. Fue otro sujeto, Ed Aborn (amigo y webmaster), quien conocía a Andy Sneap (productor de discos de Arch Enemy, Benediction, Cathedral, Exodus, Kreator, Machine Head, Megadeth, Nevermore, Onslaught, Blaze Bayley, Masterplan, entre muchos otros) y les dijo a los muchachos que se contactaran con él. No estaban muy convencidos, pero lo hicieron igual. Se encontraron con que Sneap era un gran fanático de ACCEPT, y que los conocía mejor que ellos mismos. La banda le dio a conocer las canciones que tenían hechas. Al oírlas, Andy Sneap les ordenó escuchar algunos de sus viejos álbumes, Breaker (1981), Restless & Wild (1982), Balls To The Wall (1983), Metal Heart (1985), que se convirtió en un buen y útil ejercicio para obtener una mejor sensación de cómo debía sonar ACCEPT, especialmente con Tornillo como nuevo cantante. Se juntaron algunas veces más para escribir canciones. Luego de algunos meses de trabajo, dieron forma a 14 nuevas composiciones que se incluyen en Blood Of The Nations, álbum de estudio número 12 que vio la luz en agosto de 2010.
La descarga inmisericorde de potencia acelerada comienza con “Beat The Bastards”, con un riff que pareciera la versión mejorada de la dupla Hoffmann/Frank, la misma de las sesiones del Balls To The Wall, dejándonos en claro inmediatamente que estamos frente a la entrega más pesada del acorazado alemán. Peter Baltes siempre ha sido un engranaje fundamental en el funcionamiento del tanque, y junto a Stefan Schwarzmann otorgan un sonido muy grueso al álbum completo. El desempeño de Tornillo es tan sorprendente como soberbio. Sí, la gran mayoría tiene en la mente a Udo Dirkschneider, pero el nuevo cantante logra de entrada calzarse las botas militares del pequeño gigante. Su gran mérito es poseer un registro conocido, pero con sello propio, por lo que en jamás suena forzado. Es más, esa voz aguardentosa se complementa a la perfección con las ya clásicas “gang-voices” de la banda. Sin respiros de por medio, arremete “Teutonic Terror”, que es un trallazo directo al rostro de todos quienes añorábamos el regreso en gloria y majestad de ACCEPT (“you get what you ask for, right in the face”). Tiene una fuerza realmente indescriptible y reúne en poco más de cinco minutos todos los elementos que definen de mejor forma el legado de la banda. A estas alturas, el “we will... give’em the axe” del coro hace pensar en la obligatoriedad de ejecutar este tema en las presentaciones de la gira venidera. Tremendo inicio, un par de pequeñas grandes victorias que ya nos dejan sin aliento... pero es sólo el comienzo.
La siguiente es “The Abyss”, otro de los puntos más luminosos de la placa, que comienza y termina de manera muy intensa, paseándose en casi siete minutos por distintas sonoridades, que encontrarán rápida aceptación en quienes valoran algunas partes más lentas, y pasajes sombríos y melancólicos, con Tornillo cantando limpiamente en la sección media (“do you remember bluer skies, happy days and simpler times...”). Wolf Hoffmann y Herman Frank, se encuentran en excelente forma. El cuarto es “Blood Of The Nations”, que aparte de darle nombre al disco, me recordó inevitablemente a “Bound To Fail” del Metal Heart. “Dedicada a las fuerzas armadas de todos los países, que protegen nuestra libertad y hacen posible hacer estas cosas”, según propia nota de la banda, es una canción que también se encumbra en lo más alto, con ese perfil de himno imperecedero, como tantos otros que ACCEPT nos ha regalado, con un ritmo marcial que no necesita de gran velocidad para tornarse gigante. Su notable sucesor en la lista de canciones es “Shades Of Death”, que comienza siniestramente con sonidos acústicos y de teclado (hasta donde he podido averiguar, partes de esta canción y de “Teutonic Terror”, fueron tomadas prestadas de la obra Concerto Mondiale que realizó Wolf Hoffmann con el pianista y compositor italiano Melo Mafali) para ir creciendo hasta explotar en la línea más reconocible del grupo. En un principio, a modo muy personal, me pareció el único tema del que pudo haberse prescindido para incluir en la obra. Sin embargo, dándole muchas vueltas al álbum completo, me ha venido pareciendo mucho más que un gran tema –con un quiebre muy emotivo-, quizás se vea algo opacado por sus notables antecesores y por los que lo siguen, ya que “Locked And Loaded” trae de regreso toda la velocidad, muy al estilo de “Breaker”, “Fast As A Shark”, “Losers And Winners”, “Wrong Is Right”, por nombrar sólo algunas, pero sobretodo a “Objection Overruled”. Es aquí dónde Stefan Schwarzmann luce sus mejores armas, con una brutalidad que me hizo rememorar sus notables apariciones en los lejanos Port Royal (1988) y Pile Of Skulls (1992) de RUNNING WILD (una pequeña apreciación: al escuchar esta y las anteriores entregas de la banda, es fácil apreciar la influencia de su sonido en la vieja y querida escuela del metal alemán. Si pensamos en Grave Digger, Helloween, Rage o los mismos Running Wild, para nadie sería un misterio concluir que le deben demasiado a ACCEPT). Mortífero.
Las revoluciones decaen un tanto para dar paso al primer bonus track. “Time Machine”, con un comienzo muy tranquilo, se transforma en un temazo. También “in crescendo”, estalla hasta tornarse emotivo a rabiar. Ferozmente desgarradora, “Kill The Pain” (incluye, al igual que “Shades Of Death”, arreglos del mencionado Mafali), la primera y única balada del disco, podría hacerte recordar esas hermosas piezas como “Seawinds”, “Breaking Up Again” (ambas cantadas por Peter Baltes), “Can’t Stand The Night”, “Mistreated”, “Amamos La Vida” o a la inigualable “Winterdreams”. Todos los que conocemos a ACCEPT sabemos que sus baladas no son melosas o efectistas. Son más bien descarnadas, de esas que llegan a doler. Con esos solos que te hielan los huesos, lo lograron una vez más. Aunque inmediatamente se encargan de levantarte con una patada en el hocico. “Rolling Thunder”, la única composición en conjunto de Herman Frank y Mark Tornillo (todas las demás son de Baltes, Hoffmann y Tornillo), es una potente muestra de las canciones más pesadas del grupo y se impone como un enérgico corte, sólido y muy machacón (buena referencia del tema se puede encontrar en el disco Loyal To None –2009- de HERMAN FRANK. Participan, aparte del mencionado guitarrista y Stefan Schwarzmann, Peter Pichl –bajista, ex RUNNING WILD- y el vocalista Jiotis Parcharidis. Altamente recomendado), Algo similar se puede señalar respecto a “Pandemic”, descendiente de pistas como “Run If You Can”, “Demon’s Night” o “Slaves To Metal”, que es pura tradición metalera alemana. Tras el pase de Peter Baltes, el comienzo de “New World Comin’” me recordó algunos pasajes de “Princess Of The Dawn” y a algunos rasgos del HELLOWEEN moderno. Considero que es una de las mejores canciones del álbum, lo que es bastante decir, dado que no se encuentran puntos que destiñan. Un himno de la nueva era, que ofrece líneas clásicas, muy reconocibles, pero realzadas y actualizadas. Tremendo.
Nos adentramos en la recta final del este Blood Of The Nations. “No Shelter” es de la misma rama de la familia que desciende del speed metal que ayudara a cimentar “Fast As A Shark”. No da excusas para ignorar su cadencia, ya que te atrapa de entrada y te mantiene cautivo de sus armonías y quiebres sacados del entrañable Metal Heart. Es ese mismo espíritu el que tiene “Bucket Full Of Hate”, haciendo gala de su innegable influencia en la escena germana, con un inicio un tanto mentiroso para despacharse un pretendido final de álbum como corresponde, el perfecto equilibrio de las sonoridades de una institución como ACCEPT, que se da el lujo de dar el golpe de gracia con un track que se apaga lentamente, aunque con notoria grandilocuencia, como magistralmente lo hiciera “Bound To Fail” con la gema de 1985.
Para quienes tengan la fortuna de adquirir un ejemplar de la versión japonesa de esta obra, encontrarán el decimocuarto tema del que la banda hablaba. Se trata de “Land Of The Free”, el segundo bonus track, una gran contribución cuyo ritmo galopante rememora esas intensas y conmovedoras piezas como “Another Second To Be” o “Walking In The Shadows” –ambas del Russian Roulette (1986)-, y no hace más que confirmar con su excelente factura el sorprendente e inesperado regreso de una leyenda. Porque para muchos de nosotros, por una cosa generacional, ACCEPT era eso, una leyenda que había dejado un amplio registro de álbumes clásicos, llenos de himnos, pero que no daba señales de vida creativa desde hace mucho tiempo. Me cuesta imaginar la sensación de los que sí recibieron cada uno de los discos hoy clásicos recién salidos del estudio. Es muy probable que para todos –los de la antigua y de la nueva escuela- la sensación sea de regocijo y que la conclusión sea la de una apabullante e indiscutible victoria de las tropas de Hoffmann y Baltes. Muchas gracias y bienvenidos.
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