Glorioso. Es la primera palabra que se me viene a la mente luego de los 52 minutos de esta tan necesaria descarga de los norteamericanos RIOT. Nuevamente con Tony Moore en las voces, la banda liderada por Mike Reale quería retroceder en el tiempo y regalarnos el 2011 un disco que recuerde a la etapa dorada de RIOT, pero sin sonar añejo. Y lo logra.
Pero seamos justos, RIOT no es sólo “Thundersteel”, son más de 20 años de trayectoria destacada, siendo una banda que por lo menos en esta parte del mundo, no es valorada como corresponde, a diferencia, por ejemplo de Japón donde los tipos son héroes nacionales. Es mucha agua la que ha corrido bajo el puente de la banda y hoy, a pesar de todo se sienten más frescos que nunca.
Qué nos ofrece este renovado RIOT de Moore, Reale, Flyntz, Van Stavern y el monumental Jarzombek: nos ofrece HEAVY METAL, directo, afilado, pero no por eso menos elegante, sinuoso por momentos, melódico a más no poder. Una mezcla que en este disco suena perfecta. Desde el inicio con la impresionante “Riot”, un tema de la veta “Thundersteel”, una declaración de principios, un tema que no se cree lo bien estructurado que es, con un Moore superlativo, con Reale y Flyntz en una dupla que se sincronizarán perfectas a lo largo del disco. Es un golpe directo al mentón, un knock out al minuto con cuenta de diez. Después de este temazo, porque es un TEMAZO, el disco no sólo atrae tu atención, sino que sabes que estás frente a algo grande. Cuando escuché por primera vez “Riot”, me acordé de lo que sentí el año pasado con “Teutonic Terror” de Accept. Es ése el significado del tema. Si bien RIOT posterior a la salida de Moore luego de “The Privilege of Power” (algo más experimental que su predecesor) siguió lanzando discos regularmente, donde destacó bastante el gran “Inishmore”, es “Thundersteel”, es Moore el más recordado y volver a escucharlo con un tema de esa potencia realmente emociona.
Mas el disco no para ahí, recién comienza de hecho, “Still Your Man” es a todas luces, tanto rítmica, como líricamente una continuación de la excelsa “Johnny’s Back” de su disco de 1988 y la verdad con dos temas ya te das cuenta la calidad compositiva de Reale y cía. Es tan directo como elegante y ésa es una mezcla que cuesta encontrarla. “Crawling” baja un poco las revoluciones, más no la intensidad, con esos toques medio arábigos que suenan precisos en el entorno de la canción.
El extraordinario Bobby Jarzombek (Halford, Sebastian Bach) nos da la partida a esa joya que es “Wings are for Angels”, junto con el tema de inicio, lo mejor de una placa que no tiene ningún, pero lo que es ningún punto bajo. Rapidísimo, con una melodía vocal exquisita y con un coro que es para cantarlo a todo pulmón, RIOT nos entrega una muy buena unión entre lo que es el heavy metal más de calle, más de cuero, con ese heavy melódico tan de escuela europea. La calidad de los solos es de otro nivel. Muchas veces esta parte de la canción está puesta al lote, algo así como “ahí hay una base, a ver qué se nos ocurre”, acá no, Reale y Flyntz tanto separados o armonizados suenan coherentes, necesarios, no están al azar. Y eso se aplaude.
“Fall Before Me” juega con las guitarras limpias, con más prestancia que velocidad, es Moore el que la pone sobre sus hombros y la hace destacar aún más. Qué exquisiteces las melodías vocales de todo el disco, el tipo ha ganado con los años versatilidad en su voz y no sólo intenta gigantes agudos, sino que añade profundidad, canta mucho más y le logra entregar un gran feeling a su interpretación. Y como es una y una y la intención de este “Immortal Soul” es no soltarte un momento, “Sins of the Father” es nuevamente velocidad, pero no velocidad al lote y de eso se encarga un Jarzombek monstruoso. Yo la verdad repaso rápidamente la discografía de RIOT y no encuentro un tema rápido que no sea intenso, que esté demás. Los tipos en este ítem son espectaculares, rozan la perfección, por las armonías, por la melodía, por el gran trabajo de ese monstruo tras los tarros, que encuentra en Don Van Stavern un gran compañero en la base rítmica.
“Majestica”, es una suerte de preludio instrumental a otra de las joyas de este disco. El tema que le da nombre a éste “Immortal Soul”, tiene un feeling increíble, nuevamente me pongo de pie ante las melodías vocales que nos regala Moore. Imagino este tema en vivo con Reale y Flyntz moviendo sus guitarras de lado a lado al ritmo de la canción. Es un tema con más onda, mucho más rockero, que quizás recuerde sus primeras épocas (no tanto como un tema que viene un poco después) y llama a la nostalgia.
Con “Insanity” volvemos a subir las revoluciones. Es impresionante como 4 temas rápidos se diferencien tanto el uno del otro, sin que cansen, sin que suenen como “esto ya lo escuché”. El coro es exquisito, lo mismo que el solo que suena perfecto. Escuchando este disco y Riot en general, me doy cuenta de que la banda es también influencia para muchos, por ejemplo los nacionales de Inquisicion toman mucho de los elementos del quinteto neoyorkino.
Como dijimos hace un rato, también hay tiempo para la nostalgia, la que viene de la mano de la rockandrollera “Whiskey Man”, un flashback a discos como “Fire Down Under” o “Narita”. RIOT sabe que su historia comienza antes de “Thundersteel” y este es un gran homenaje al rock de esos años, a sus fallecidos cantantes Guy Speranza y Rhett Forrester. Otro gran tema.
“Believe” y “Echoes”, que son las que ponen punto final al disco y se mueven por aguas más intensas, menos veloces, pero llenas de sentimiento, de energía, como toda la placa, que no da respiro alguno.
La verdad es que cuesta encontrarle un punto bajo al disco, porque no tiene. Ninguno, en sus 52 minutos. RIOT ha conseguido que el poder de la nostalgia y del buen heavy metal se apodere del paladar del oyente. Es casi perfecto en su propia mirada y forma de sentir el heavy metal. Una banda que, a pesar de los años no suena ni añeja ni intenta copiarse. Un disco que sin proponérselo se transforma no sólo en uno de los mejores de la discografía de los americanos, sino que es hoy, por varios cuerpos de ventaja, el mejor disco del año.
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