Eran las 22:20 de la noche, había pasado más de una hora cincuenta minutos de show y recién Rata, casi a modo de regalo a un público siempre fiel de este lado de la cordillera, descargaba su único tema de uno de sus discos clásicos, el “Guerrero del Arco Iris”. El tema homónimo reflejó dos cosas: la primera, que en vivo sigue siendo un trallazo y la segunda es que Rata Blanca está en otra. A diferencia de otras bandas que sobreviven sólo a través del revival, que o no hacen nuevos discos, o no tienen la confianza de basar su repertorio en lo nuevo, los argentinos tienen claro que sus discos posteriores a la vuelta de Barilari, son lo suficientemente potentes como para no sólo enviarlos uno tras otro, sino que además darles la estampa de clásicos.
En su enésima visita a nuestro país (contarlas ya es inoficioso, desde su venida con Barón Rojo hace unos años, hay por lo menos un show de Rata Blanca en el calendario) la banda liderada por ese tándem irrefrenable y complementario que es la dupla Barilari-Giardino, venía a mostrarnos su último disco, El Reino Olvidado, una placa que nos muestra el Rata Blanca de hoy, un poco más relajado y quizás con las guitarras con menos poder, aún más blackmorianas, pero siempre con el peso y la melodía que le dan composiciones excelentes, llenadas con ese portento vocal que se llama Adrián Barilari (del que me referiré en extenso a lo largo de esta reseña), por lo que no podíamos sino tener grandes expectativas respecto al concierto.
Y a pesar de que su último disco aún no ha sido lanzado, más de tres mil personas dijeron presente en el excelente recinto de calle San Diego lo que es sintomático, Rata Blanca no cansa, pueden venir cada año y la gente va a seguir respondiendo.
Sin banda soporte (un error según mi estimación, cuándo será el día en que OBLIGATORIAMENTE se incluya una banda nacional en los conciertos, como se estila, por ejemplo en el país de la banda que nos convoca) y con media hora de retraso, se apagan las luces y comienza la intro de su última placa, ese canto de fémina mitológica venida del mar tan pausado que marca la pauta del camino que Rata Blanca nos quiere mostrar, “Las Voces del Mar”, fue el preludio preciso para el reviente del Caupolicán, los músicos que entran y Giardino comienza los primeros acordes de “El Reino Olvidado”, el tema que abre el disco que nos venían a mostrar y que desata la euforia, a pesar de lo novedoso del tema y del disco. Con algunas ayudas de bases en las voces (no porque Barilari las necesite, sino porque el tema tiene muchas), Adrián nos comenzaba a mostrar que ésta iba a ser una gran noche.
“La Otra Cara de la Moneda”, es la que nos refrendó lo que veníamos diciendo anteriormente. Los temas de esta nueva era de Rata Blanca, suenan como clásicos de toda la vida y la gente lo siente así, coreando hasta más no poder. Un pequeño saludo de un Adrián que recién comenzaba a soltarse, para presentar un tema que según palabras del vocalista, es súper importante para la banda. Pensamos en un clásico de aquéllos y sí y no…, es un clásico y ahora nos comenzamos a dar cuenta, “Volviendo a Casa”, el primer sencillo de esta nueva era sonó como si tuviera 20 años y un recorrido de cientos de estadios. Es casi una radiografía de la vida de estos trasandinos, que fue entregada de manera magistral en su Camino del Fuego (qué nombre más apropiado para un disco) y el pasado sábado en Santiago.
Nuevamente su nueva placa sale a escena con “El Círculo de Fuego”, muy poderosa, con un gran trabajo de Adrián en las voces, ya no sólo más suelto, sino que dominador de toda la situación, junto a un Walter Giardino monstruoso en el solo. Como dije anteriormente, esta dupla se sostiene sólo junta, cuando ambos han estado en paralelo, tanto en Temple como en el Rata sin Adrián, no fue lo mismo. Son complementarios, son como salieron al escenario, de blanco Walter y de negro Adrián. Si bien los temas del Reino Olvidado no fueron recibidos con tanta euforia (el disco no lleva más de dos semanas en las calles), tuvieron una acogida mejor a la esperada, tomando en cuenta este factor, y eso muestra que estamos ante un gran disco.
Giardino juega con la guitarra y nos dispara ese riff tan reconocido y tan adorado, “Sólo Para Amarte”, con más de 20 años de existencia sigue provocando ese gozo que hace que la gente se rinda a sus pies. Es de esos temas que no mueren y que no pueden faltar en el set de los argentinos, un recital no sería lo mismo sin cantar esa canción a todo pulmón y la banda lo reconoce, Adrián calla y nos regala el placer de transformarnos en vocalistas de la Rata por una estrofa. Memorable momento.
Nuevamente Barilari nos señala que “hay canciones que van a quedar para siempre” y uno pensaba “Días Duros?”, ¿Mujer Amante?, no…, “La Llave de la Puerta Secreta”, de su disco anterior sonó rabiosa con una banda inspirada, Rata Blanca del siglo XXI está como agrupación consolidada, sin variaciones, sin cambios de integrantes que hacen que a veces el feeling falle. Una mirada de Walter a sus músicos, imperceptible, hace que éstos ejecuten sus instrumentos en una sincronía envidiable. “El Diario de una Sombra”, ese tema con dedicatoria furiosa nos volvió a transportar al presente, al rockandroll de uno de los más logrados herederos de la banda del arcoriris, comandada por Blackmore.
Barilari (que nos regaló un parabién futbolístico… habrá sido mufa????) nos señala que Walter nos quiere decir unas palabras, pero de manera muy especial, como él sabe hacerlo, con su guitarra, lo que fue el preludio de la infaltable sección en solitario del grandote de las seis cuerdas. Su eterna Fender Stratocaster nos habló de magia, de feeling de virtuosismo, a veces acompañado por Hugo, a veces por la banda completa, como en la excelente remembranza a Pink Floyd con “Confortably Numb”, pero sin perder el protagonismo que se ha ganado en este cuarto de siglo, desde sus inicios en Punto Rojo y su breve paso por la otra leyenda argentina que es V8. Quizás puede achacarse que su guitarra “habló mucho rato”, ya que fueron más de quince minutos en que sólo Walter copaba el escenario, pero la gente sabe a lo que va y lo disfruta a concho. Una pequeña introducción a sus músicos, para después deleitarnos con el que a mi gusto es uno de los mejores temas del nuevo disco (porque "Talismán" es insuperable), “El Guardián de la Luz”, sonó aún mejor que en el disco y eso ya es mucho decir, mucho más acoplada, rápida y filosa que su excelente original, remeció las cabezas de los presentes, mostrando que, con sus nuevos temas, la Rata sigue más vigente que nunca. No está demás decir, nuevamente, que la voz alcanzada por Adrián Barilari está mejor que nunca.
Otro clásico moderno, de ésos que ya no se irán nunca más del repertorio de los argentinos: “Aún Estás en mis Sueños”, nos llevó nuevamente por el terreno de la nostalgia, no creo que haya habido un alma que no la cantara, realmente un momento emotivo con un tema de aquéllos que tan bien saben hacer los argentinos. “71-06 (Endorfina)”, fue el momento rockanrollero de su última placa, también un muy buen logrado momento, que fue coronado con otro de los grandes e imperecederos temas de Rata Blanca, “Chico Callejero”, de su primer disco fue la muestra de que uno no se acuerda ni admite otro vocalista que no sea Barilari. El tema es de él y punto, lo hace suyo sin forzarse siquiera. Personalmente uno de los mejores vocalistas del mundo.
Un pequeño solo de Fernando y “No es Nada Fácil Ser Vos”, suena como último tema de la primera parte del show de Rata (con un pequeño jam incluido) y es además el último tema de su última placa en sonar. Personalmente extrañé Talismán, el tema más melódico de su Reino Olvidado y que si la banda lo potencia, se transformará en clásico.
La gente, obviamente sabiendo la cantidad y calidad de clásicos que faltaban, no se movió de su lugar, los “olé, olé, olé, Rata, Rata” se multiplicaban y Giardino, Barilari, Bistolfi, Sánchez y Scarcella no se hicieron esperar. Este último que machaca su batería con ese inicio tan particular y “Guerrero del Arco Iris”, como señalábamos al inicio de esta nota fue el primero de los grandes clásicos en salir a escena, ya a una hora y cincuenta de iniciado el concierto. Como único estandarte del disco homónimo, comenzaba el final con un temazo. Y para terminar, los dos temas eternos y legendarios de los argentinos, ésos que los han llevado a lo más alto del olimpo del heavy metal (y del rock) latinoamericano. La primera en sonar fue “Mujer Amante”, la que provocó que Adrián sólo contemplara y pusiera el micrófono apuntando al público, un público ensimismado que coreó cada letra de aquella canción. Y el final fue apoteósico, a pesar de lo obvio, “La Leyenda del Hada y el Mago” es otro de los temas legendarios del quinteto trasandino, la que hizo que la gente cabeceara, cantara y gritara aún más fuerte, sabiendo que eran los momentos postreros del show. El solo de Giardino sonó mejor que nunca y Adrián nuevamente se lució. Un tema de siempre, que veinte años después se percibía con una jovial fuerza.
Un concierto memorable de una banda que ya a estas alturas del partido se ha erigido en un estandarte, herederos privilegiados de los sonidos púrpuras de fines de los setenta, mezclados con el arcoiris de Blackmore, cada vez que se presentan en Chile se provoca un ambiente especial. Con una vitalidad envidiable para su trayectoria, Rata Blanca se ha transformado en un gusto que es un deber darse de vez en cuando. Como un buen vino.
Set Rata Blanca
01. Las Voces del Mar (Intro)
02. El Reino Olvidado
03. La Otra Cara de la Moneda
04. Volviendo a Casa
05. Sólo Para Amarte
06. La Llave de la Puerta Secreta
07. El Diario de una Sombra
08. Solo de Walter Giardino
09. El Guardián de la Luz
10. Aún Estás en mis Sueños
11. 71-06 (Endorfina)
12. Chico Callejero
13. No es Nada Fácil Ser Vos
14. Guerrero del Arco Iris
15. Mujer Amante
16. La Leyenda del Hada y el Mago
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