EPICA en Chile
Teatro Novedades
16 de Septiembre de 2008
En Epica se vive el “Simonecentrismo”. Todo gira, aunque ésas no sean las ganas, en torno a lo que haga o deje de hacer Simone Simons en escenario. Aunque ella intente juguetear con el resto de los músicos, como cuando subía a la tarima donde estaba Coen con sus teclados, a modo de ejemplo. Pero no, todo el mundo, la gente, las miradas se dirigen a ella. Y es que esta holandesa sin duda tiene un ángel especial. Y es ese ángel el que la banda aprovecha. No sería lo mismo sin Simone. Partiendo por su estampa. Es sin lugar a dudas la vocalista más bella del circuito (mas no la más dulce, para eso tiene que nacer de nuevo y llamarse Anneke), dueña, además, de una potente voz, que hace que Epica sobresalga respecto del resto de las bandas que han hecho de una voz femenina su particularidad y que incluso llene algunos ripios musicales, sobretodo en materia de identidad.
Es tanto lo que gira en torno a Simons el “Epica business”, que cuando ella a mitad del show sale de escena y deja a la banda sola interpretando ese monstruoso tema llamado “Crystal Mountain”, fruto de esa privilegiada mente de Chuck Schuldiner que dio vida a esa leyenda llamada “Death”, la gente lisa y llanamente no la pescó y estamos hablando no de un clásico.
Es impresionante darse cuenta de cómo algunos ingredientes puestos en su preciso momento dan fruto a un fenómeno, independiente de su calidad musical. Epica puso a una bella vocalista interpretando unos temas de lo que es el boom del momento, el gothic. Con pasajes sinfónicos, los holandeses liderados por Mark Jensen la han tenido difícil en materia musical al intentar desmarcarse de After Forever. Es más, fueron los liderados por Floor Jansen los que dieron el paso al sacar tanta sinfonía, para dar paso a sonidos más digeribles. Epica se ha mantenido en lo suyo, haciendo crecer su popularidad. De las 300 personas que hubo hace un par de años en el Providencia, el pasado martes el añoso Novedades se desbordó.
Un pequeño paréntesis. Antes de pasar a lo que fue el concierto de Epica en Chile, un par de alcances. El primero es qué pasó con Simone en el meet and greet, la que no apareció en el encuentro por el cual los fans pagaron una entrada bastante cara. Si todo gira en torno a Simons y se saca un provecho comercial y musical con su imagen (es cosa de ver los afiches de la banda), que no haya aparecido es un poco contradictorio. Lo segundo, qué pasó con Mar de Grises. La excelente banda chilena estaba anunciada como acto soporte, pero por alguna razón desconocida, no tocaron. No me voy a cansar nunca de decir que urge que sea obligación para toda productora incluir una banda nacional como soporte a los shows internacionales.
Bueno, pero lo que nos convoca es el show de Epica, quienes venían presentando su tercer disco en estudio, el bien logrado “The Divine Conspiracy”. Salido ya el año pasado, esta placa tenia un tiempo en el cual los fans la internalizaron y eso hizo que basaran su show en dicho trabajo sin que el entusiasmo de los más de mil fanáticos que repletaron el Novedades decayera. Obviamente Indigo, que oficia de intro en su placa del 2007 hizo lo mismo en vivo, The Obsessive Devotion, fue la que desató el delirio de la gente y si musicalmente cuando empezaron las notas la gente se volvió loca, cuando entró Simone, de minifalda negra, el añoso recinto casi cede, rendido a los pies de ese bello talento vocal alrededor del cual gira Epica. Mark (el más comunicativo de la noche) se dirige al público para presentar Sensorium, gran tema de su Phantom Agony. Ahora sí Simone que se dirige al público para las palabras de rigor (pero tampoco algo tan caluroso) y para presentar uno de los buenos temas que trae su última placa, Menace of Vanity sonó potentísima, con ese intro en el que Coen desde su computador instalado al lado de su teclado nos regala una sinfonía y en el que ese labrador que es Mark sorprende con sus gutural garganta.
Una acotación respecto al sonido. Cuando salía del teatro, algunas personas reclamaron por éste. Se nota que no han ido al Novedades. Desde donde estaba (arriba), si bien el sonido no era perfecto, era entendible y cada instrumento sonaba claro. Hubo problemas en algunos pasajes, pero para ser el Novedades, el sonido cumplió.
Siguiendo con el show, otro “clásico de la banda”, Quietus, bien poderoso, el que dio paso al candente Fools of Damnation, donde Simone ensayó unos movimientos árabes que encantaron al ya encantado público del Novedades, todos por igual, hombres y mujeres. Cry For The Moon, uno de los temas seminales de la banda y una obligación en vivo, fue el corolario de una trilogía de lujo, donde el teatro ya estaba rendido ante una banda en ejecución perfecta. Tiempo para la pausa y fue el debutante Ariën en la batería quien quedaría solo en escena. Personalmente no soy muy fanático de los solos, siento que le quitan ritmo a los recitales y a menos que sea Mike Terrana el que se pare tras los tarros, pasan sin mucho que rescatar y acá no fue la excepción, un solo que la gente claramente no va a recordar.
Pero si el solo pasó desapercibido, lo siguiente entra en la categoría de esos momentos inolvidables de que está hecho esa maravillosa historia que dura algo más de dos horas. Coen y Simone copan el pequeño escenario para entregarnos Solitary Ground, ese hermoso e íntimo tema en el que la pelirroja despliega todo su caudal vocal de una manera sorprendente. El aplauso final y ensordecedor de la gente lo dijo todo. Después de la calma, la tormenta. Blank Infinity puso las cosas en su lugar, con la gente saltando y cabeceando. Y lo que hablamos en un principio. La pausa para la diva. Simone sale de escena y el quinteto restante interpreta de gran manera el clásico de Death, Crystal Mountain, de esa joya que es el Symbolic. Como dije anteriormente, el público bajó las revoluciones ante este temazo. Su atención era otra.
Y si Seif al Din, con sus arábigos sonidos volvió a subir las revoluciones, trayéndonos melodías de su debut, Facade of Reality hizo temblar el recinto de calle Cueto. Se traía nuevamente a colación el The Phantom Agony, a estas alturas un clásico de los fanáticos de Epica. Simone, la que estuvo mucho más apagada y distante del público que en su show de hace dos años –quizás por su enfermedad, quizás por su ingrato paso por México donde un fan le lanzó un proyectil, lo que casi hizo que el show no siguiera-, presenta nuevamente un tema nuevo. Chasing The Dragon, single de su Divine Conspiracy es el elegido, provocando una muy buena respuesta. Respuesta que se vio transformada en delirio cuando los primeros acordes de The Phantom Agony comenzaron a sonar en el Novedades. El tema más intrincado de su primera placa llevó al respetable a un nivel de euforia elevado. La banda demostró que instrumentalmente son impecables, casi perfectos, sin fallas. Como alguna vez dije, uno de los reparos que tengo en Epica es la inclusión de una segunda guitarra. Quizás el plus de Ad sea cubrirle las espaldas a Mark cuando éste canta, pero en Epica no sólo no hay solos (valga la redundancia), sino que tampoco hay pasajes armónicos. Bueno, duda mediante, señalemos que tal como hace un par de años, The Phantom Agony cerró la primera parte de su show con la banda ya fuera del escenario mientras las bases (compañeras inseparables de Epica y que hicieron que todo sonara tan lleno) del tema seguían sonando.
El show terminaba acá, pero la banda quería regalarle a sus fans algo más. Mark que consulta si querían algo nuevo o antiguo y unas muy pesadas Living a Lie y Sancta Terra nos volvieron a poner en el contexto de su Divine Conspiracy. Daba lo mismo lo que tocaran, el público estaba entregado y escuchaba lo que fuera. Otra gran gema, Consign to Oblivion, que cierra su placa anterior, cerraba de manera definitiva el concierto.
Dos horas de belleza y talento por parte de una banda que en recibimiento crece exponencialmente. Por la fecha, era muy difícil que la gente respondiera al llamado de Simone y sus boys, pero Epica vendió todos los boletos, lo que al parecer muestra la cara de un fenómeno que tiene los ingredientes necesarios para seguir creciendo. Quizás para uno que lo mira de fuera, sin grandes fanatismos, las dos horas (sobretodo la media hora final) fueron de difícil digestión, pero para el público que paga su entrada y que ve a su banda favorita, el tiempo se pasa volando. Es la magia de los recitales, es la magia de una banda que dejó de ser promesa y que en Chile demostró que esa conspiración divina está muy lejos de terminar.
Set Epica
1. Indigo
2. The Obsessive Devotion
3. Sensorium
4. Menace of Vanity
5. Quietus
6. Fools of Damnation
7. Cry For the Moon
8. Solitay Ground
9. Blank Infinity
10. Crystal Mountain
11. Seif Al Din
12. Facade of Reality
13. Chasing the Dragon
14. The Phantom Agony
15. Living a Lie
16. Sancta Terra
17. Consign to Oblivion
|