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IRON MAIDEN en Chile

"Marzo 22, 2009" | [Review Live]

IRON MAIDEN en Chile | Marzo 22, 2009
 

» Autor & Fotografía :

F: Antonio Castillo, R: Jaime Contreras
» Fecha : Marzo 22, 2009
» bandas : IRON MAIDEN, LAUREN HARRIS, WITCHBLADE
» Lugar : Club Hípico
 
  » Comentario [Review]
Bruce Dickinson por momentos parecía ensimismado mirando el mar negro que tenía frente a sus ojos. Es cierto, hace unos días en Sao Paulo cerca de 65 mil personas habían visto el show de IRON MAIDEN, pero el fervor que había en el Club Hípico, tengo la sensación de que en los 34 años de trayectoria de los ingleses, se convertía en una postal pocas veces vista. Ni todo el oficio del mejor frontman de la historia del rock pareció suficiente. La pausa en “Sanctuary”, tema que puso punto final al show fue aún más larga. Las pantallas desplegadas a lo largo de la explanada del Club Hípico se centraron en los rostros de los seis integrantes de IRON MAIDEN y uno podía percibir y sentir una genuina incredulidad. Quizás esa pausa frenó la adrenalina y situó a la banda en frente de una rugiente horda de religiosos fanáticos que no cabían en sí frente a la perfección de unos MAIDEN incombustibles. Habían pasado casi dos horas de concierto y los rostros de Harris, Gers, Murray y Dickinson mirando el incansable apoyo de más de sesenta mil personas, ahorraban todo tipo de comentario. El speech de Bruce fue la guinda de la torta.

Es que es muy difícil, casi imposible hablar de IRON MAIDEN sin caer en clichés. Porque éstos esconden verdades indesmentibles. Ayer en el Club Hípico había familias completas, generaciones completas rendidas ante una banda que entregó un poco más que todo arriba del escenario. Que cumplió su promesa de volver literalmente con todas las armas cargadas y disparar una tras otra ráfagas de historia. Es que para cada uno de los sesenta mil fanáticos que había en el recinto hípico, IRON MAIDEN tiene un significado distinto, cada cual tiene un recuerdo distinto que gira en torno a la bestia. Ayer había sesenta mil historias individuales construyendo algo único y legendario y eso sólo es posible con la banda sonora más imponente que ha pasado por esta tierra. Cómo no sobrecogerse con la intimidad abrumante de un “Children of the Damned” que se coló en la sangre. Cómo no soltar lágrimas ante la descarga épica de “The Rime of the Ancient Mariner”, cómo no rendirse a los pies de la perfección de “The Phantom of the Opera”, por nombrar sólo tres ejemplos. Es imposible para alguien que ha crecido al alero de la Doncella de Hierro separar la subjetividad en sus palabras.

Poniendo la pelota contra el piso, hay que contar que el show partió temprano. Ya a las doce del día había miles de personas en los alrededores del recinto y que la entrada fue sin mayores contratiempos, a pesar de efectuarse tres horas antes. Quizás la salida se hizo un tanto caótica, pero para quienes allí estuvieron, sólo se transforman en detalles menores. Pero la mayoría de los que estábamos allí, el domingo 22 de marzo será recordado no sólo por lo que pasó desde las 20 horas, sino que desde mucho antes. Incluso desde el sábado la infaltable previa se vivió casi como un rito. La cerveza, los asados, el nerviosismo previo es comparable sólo al ambiente que genera un partido de la selección chilena y eso es mucho decir. Estoy seguro que nadie de los que asistió ayer tenía contemplado asistir a un recital. IRON MAIDEN va más allá, es una experiencia en sí misma, que trasciende lo netamente musical. Por eso mismo gente de todo el país se hizo presente. Al costado de Blanco Encalada decenas de buses refrendaban lo anterior.

A las 17:45 los nacionales WITCHBLADE hicieron su entrada ante ya cerca de 25.000 personas. La tenía difícil la banda de Freddy Alexis. El recuerdo de su mal planteado show del 2004, los ponía en frente de muchos que los recordaban no de la mejor forma. Pero la banda, en un acto de redención y con un aplomo destacable logró salir adelante y de una forma aún más destacable: con temas propios. En cerca de 30 minutos de show y con temas como “Cradle of Life”, la potente “The Witchblade” y “Fire”, se redondeó un show correcto y bien hecho. El coraje con que se plantó WITCHBLADE pone el acento en el hecho de que hay bandas nacionales capaces de pararse en frente de multitudes y los santiaguinos son sólo un ejemplo de eso. Es la desconfianza y el desconocimiento de las productoras la barrera a superar. Por lo menos en ésta, se anotaron un poroto. WITCHBLADE lo hizo bien y recibió el apoyo merecido de la gente.

La pausa sirvió para hidratarse y sentarse un rato en el pasto. Había que guardar reserva. A esa altura la previa había hecho mella en más de alguno que lisa y llanamente dormía la siesta (o la mona) en la grama del Club Hípico. En eso estábamos, cuando se despliega un telón con la carátula del disco de LAUREEN HARRIS y comienzan los primeros acordes de su show. Qué podemos decir de LAUREEN. Que tiene fuerza, que practica un rock que roza lo teenager, que demasiada voz no tiene, pero que es hija del jefe y como tal se le respeta. Está claro que con el bagaje que ha adquirido teloneando a la banda de su padre (para el perdido que no sepa, es hija de Steve Harris), el crecimiento musical debiera ser bastante más rápido. Ojalá eso lo trasunte a mejores canciones, porque ganas le pone y muchas, tiene carisma y una buena banda. Pero para volverse loco no es.

Y así avanzaban los minutos. Reconozco que el intermedio entre el final de LAUREEN HARRIS y el inicio del show se me hizo eterno. Uno puede ver mil veces a IRON MAIDEN, incluso tocando los mismos temas, pero la sensación previa está siempre ahí, es indescriptible. Hasta que con una casi obvia puntualidad se apagan las luces y se prenden las cinco pantallas gigantes estratégicamente ubicadas. Con el clásico “Doctor Doctor” de UFO de fondo, la gente comenzaba a desbordar la emoción y la euforia contenida en un show que no cesaría en emociones intensísimas en las siguientes dos horas. “Transylvania”, con imágenes de los momentos que rodean a la banda en esta gira, a modo de intro, más las palabras de Winston Churchill en el inicio ya tan familiar presagiaron el infierno, que fue desatado con “Aces High”; sin duda uno de los mejores temas para comenzar un show. ¿Importaba que fuera el mismo inicio de hace poco más de un año?, para nada. El entorno era distinto, el público fue una sola voz con el doble de fuerza que el 2008. Una banda que comenzaba a escribir un capítulo legendario en la historia de los conciertos de rock en nuestro país. Perfecta, con un Dickinson a un nivel superlativo. Qué cantante con 50 años mantiene ese registro y esa vitalidad. No conozco a ninguno. Una vieja conocida fue la siguiente en caer: “Wrathchild”, obviada en la primera parte de su “Somewhere Back in Time” sonó con fuerza. El descanso merecido le hizo bien, porque la gente la disfrutó aún más. Si bien, a veces peca de poco arriesgado en la elección de los temas, Harris es inteligentísimo, cada uno de los cortes que sonó el domingo en el Club Hípico está estratégicamente escogido y puesto en el repertorio. Se volvió a la costumbre de que el tema del “Killers” vaya como número dos.

“Two Minutes to Midnight”, un tema que no se cansan de tocar, seguía demostrando lo histórico de esta visita. Como dije, a nadie le importó que se repitiera en el set. Muchos opinaban que era de “las prescindibles” del repertorio, pero era tal la perfección del sonido, la entrega de la banda, lo imponente del escenario, que cualquier consideración extra pasaba a segundo plano. El show pasó por momentos altos y por otros aún más altos y el siguiente fue uno de aquéllos. Bruce que toma la palabra para agradecer a la gente y señalar que habían cumplido su promesa, señalando la emoción que provocaba ver a 60 mil personas disfrutando del show de IRON MAIDEN, que para ellos había un par de regalos en el repertorio, un tema que no tocaban hace mucho y que quizás no volverían a tocar. “Children of the Damned” realmente emocionó. Fue sorpresiva y sorprendente. La euforia se mezcló con incredulidad. Cuántos no soñamos con escuchar alguna vez esta joya del “The Number of the Beast” en vivo. Nos conformábamos con escucharla en el “Live After Death”, pero el momento había llegado. Con un Dickinson que no me cansaré de decirlo, es el mejor cantante de rock y el mejor frontman de la historia de esta música. Y lo demostró, alcanzando unos niveles vocales notables. Y la Doncella no quería que despertáramos, un nuevo regalo, una nueva gema, un “Phantom of the Opera” que no importa que tenga casi 30 años de vida, suena con potencia, con vigor, una composición de otro planeta, con un Steve Harris pletórico. Da lo mismo que otros bajistas toquen a la velocidad de la luz y tengan bajos de 50 cuerdas. Con sólo 4 Harris les pinta la cara. Qué tema, otro de los soñados, otro que hizo que la gente desbordara de emoción. Demás está decir que, a pesar que originalmente el tema “no le pertenece”, Bruce realizó una interpretación maravillosa. Es impresionante cómo el esgrimista nos punza con teatralizaciones que van perfectamente de la mano con lo épico de los temas. Un momento inolvidable.

Pero llegaba la hora de que el público participara más. Así que la bestia nos lanzó no una, dos canciones para que la gente se hiciera pedazos la garganta. La imperecedera “The Trooper” y la magnífica “Wasted Years” remecieron el ambiente, hicieron temblar los edificios aledaños y despertaron a los caballos. Las 60 mil voces cantaron como si fuese el último tema. Dos clásicos de aquéllos. Es imponente, realmente imponente ver el tándem de cuerdas plantados desafiantes en el escenario en el tema del “Piece of Mind”. Y es en ese momento donde uno aprecia a tres guitarristas tan distintos como complementarios. Adrian Smith es la onda misma, es el rock más “para adentro”, Dave Murray es el talento, la sobriedad y Janick Gers es la pachanga, es el rockandroll callejero, es el show. Todos al alero del omnipresente Steve Harris, quien en una movida maestra más decidió en su momento que fueran tres los guitarristas de IRON MAIDEN. Personalmente, no imagino a los ingleses hoy sin esos tres espadachines.

Es en este momento donde aparecen esos detalles que hacen que los conciertos sean únicos. El reto casi paternalista de Dickinson a la gente que se agolpaba cerca del escenario fue muestra de aquello. El solo pedir que la gente se moviera dos pasos hacia atrás y que muchos le hicieran caso, demuestra el bagaje de un Dickinson que arriba del escenario puede hacer lo que se le venga en gana. Y luego de eso otro momento emotivo. Pocas bandas pueden darse el lujo de tocar un tema de casi quince minutos manteniendo el nivel siempre alto. Y no sólo aquello, “The Rime of the Ancient Mariner” suena necesaria, imprescindible. Es una de las mejores composiciones hechas por IRON MAIDEN y escucharla en vivo, con sus múltiples partes, con sus atmósferas recreadas de manera casi irreal, sobrecoge. La gente entró en un trance, el tema es hipnotizante, sus catorce minutos pasan como si nada y construyen un momento de esos inolvidables. Y si a eso le sumamos una “Powerslave” sublime, con un Bruce que le imprime esa aura teatral, sin importar que cambie la letra en el final, tenemos como resultado otro momento mágico. Son años de historia.

Y recordando el lugar en el que estábamos vino el galope. “Run to the Hills”, otro himno, volvió a remecernos. Es impresionante ver cómo canciones con tantos años de recorridos, no suenan añejas. Son pocas las bandas que pueden darse ese lujo.

Produce un poco de extrañeza que dentro de un repertorio basado en hits de los primeros discos de la banda, o más bien de la época ochentera de MAIDEN, suene “Fear of the Dark”. Y es otra de las canciones que no salen del set de los ingleses. Reconozco que no es de mis favoritas, pero reconozco también que eso a nadie le importa, porque fue de las que provocó mayor euforia y justificó plenamente su inclusión. IRON MAIDEN no basa su repertorio sólo en singles y eso se agradece. Y al parecer la Doncella no quería parar los momentos de emoción, lanzó “Hallowed Be Thy Name”, otro de los imprescindibles y a la vez una de las canciones más sentidas del repertorio de MAIDEN. El show no pasó por ningún momento bajo, la diferencia la hicieron los temas que alcanzaron niveles superlativos en emoción, como éste.

Y llegó el momento que muchos esperábamos. Porque IRON había prometido un show con todo y faltaba obviamente Eddie. Y en “Iron Maiden” apareció el primero de la noche y quizás el más imponente. En el decorado dispuesto para este tema, aparecía una esfinge con el rostro de la mascota de la banda. El wow! fue generalizado cuando ésta se abre y aparece un Eddie gigantesco momificado. Realmente impresionante. Qué manera de terminar la primera parte del show.

Si bien la banda no se hizo de rogar demasiado, hubo gente que comenzó a dejar el Club Hípico. Fue gracioso verlos correr de vuelta cuando comenzó “The Number of the Beast”, el clásico de los clásicos de los ingleses, que transformaron el recinto hípico en un verdadero infierno. El rojo de las luces del escenario más el infernal Eddie que apareció fue casi intimidante. Si el idiota de Humberto Lagos quería un demonio, allí había uno y grande. MAIDEN seguía cumpliendo su promesa de llevar el show aún más allá.

Ya casi llegando al final del show, “The Evil That Men Do” siguió con la tónica de las dos horas anteriores. Nuevamente Eddie, esta vez del futurista “Somewhere in Time” entró a lidiar con la banda, aunque hay que reconocer que esta vez Janick no lo pescó demasiado. Personalmente es uno de mis favoritos de MAIDEN y me agradó su inclusión en el set. Y ahora sí el final, “Sanctuary”, fue otra de las sorpresivas e hizo que el show finalizara a ritmo de rock and roll. En este momento fue cuando la normal pausa del tema se hiciera más larga con la banda completa y emocionada mirando el mar humano que tenían a sus pies. Dickinson que agradece y que promete una nueva visita el 2011, luego del próximo disco que debiera salir el próximo año y si lo dice Bruce, hay que creerle. Recordemos que hace un par de tours (creo que en el del “Dance of Death” prometió que cada vez que hubiera un tour, pasarían por Chile. Es que la relación de la banda con nuestro país es particular y se remonta hace casi veinte años. La historia del ridículo mundial que hicimos al no dejarlos entrar ya es por todos conocida, pero hizo que MAIDEN le tenga un cariño especial a este rincón del mundo.

Como lo dije en un principio, es difícil dimensionar hoy, a casi exactas 24 horas del término del show de IRON MAIDEN, lo que ayer sesenta mil personas vivieron. Era cierto que íbamos a ser parte de la historia y que el recital de anoche tuvo ribetes de legendario. Para cada uno de nosotros, que ha construido su vida con la bestia como banda sonora, el concierto fue especial. Hay muchos que no escuchaban la banda hace mucho tiempo y ayer se reencontraron con su pasado. Muchos que hoy ya peinan canas y que de la mano de su hijo recordaron que el rock es algo que se lleva en las venas, no importa cuánto tiempo pase y que es uno de los legados que da gusto entregar. Porque le guste a quien le guste, IRON MAIDEN es la mejor banda de rock que ha parido la tierra. Por eso mismo no podía ser otra la banda que realizara el mejor concierto de rock que haya pasado por este país. Porque quienes demoraron en alcanzar la salida y después les costó encontrar locomoción para su casa dejaron el Club Hípico con una satisfacción tal que caminando se hubiesen ido. Satisfacción que da saber que fuimos testigos de una leyenda viviente. Que todo lo que venga en la carrera de IRON MAIDEN es un regalo para quienes disfrutamos con ellos. Y no queda más que agradecer el momento, esas dos horas de emociones tan intensas que serán casi imposibles de olvidar, porque para cada uno de nosotros IRON MAIDEN y lo que ellos representan son parte de nuestra historia y de nuestra vida. Son algo más que música.
UP THE IRONS!!!!!!!!!!!!!!!!


Lo vivido el pasado Domingo 22 de Marzo quedará en la memoria de todos quienes estuvieron ahí, en el evento de Metal más grande de la historia de Chile. Para recordar como se vivió esta increíble velada junto a IRON MAIDEN te invitamos a visitarnos hoy en la noche, cuando podras leer un completo review de este nuevo encuentro de la Bestia con sus fanaticos chilenos.

Para calmar la espera te dejamo un galeria fotográfica. Recuerda que puedes dejarnos tus comentarios sobre el concierto en esta misma página (luego de las fotos).
 
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