He estado pensando todo el día en cómo partir este review. Es que encontrar palabras para lo que vivimos los cerca de 18.000 asistentes al show de KISS es difícil.
No puedo evitar ponerme un poco auto-referente. KISS fue la primera banda de la que me hice fanático, allá cuando tenía 12 años y el Unplugged había recién salido. Desde ese momento, he sido un fiel devoto de la banda, y esperaba ansioso el momento para verlos en vivo, ya que por mi corta edad no pude asistir a las dos presentaciones anteriores de la banda en Chile.
Por lo mismo, la expectativa era doble. No sólo por poder ver, al fin, a mi banda favorita de todos los tiempos (sitial honrosamente compartido con AC/DC, otros gigantes a los que esperamos con ansias), sino que, además, por comprobar en vivo y en directo el “mejor show en vivo de la tierra”. La banda se cataloga con ese epíteto, y creo que después de ayer nadie puede negarlo.
En fin, la mesa estaba servida (aunque la estupidez político-administrativa haya intentado dejar la mesa coja) y al ingresar al fantástico Estadio Bicentenario de La Florida –un recinto absolutamente de lujo– la emoción era absoluta. Un telón de fondo con el logo de KISS y toda la amplificación cubierta por sendas capas negras era el primer anuncio de que lo que estábamos por presenciar era de otro planeta.
El show fue abierto por los nacionales Racimo, quienes hicieron lo que pudieron con un público que lo único que quería era ver a los cuatro fantásticos en escena. Echando mano a versiones de “Highway To Hell” de AC/DC y a “Fear Of The Dark” de IRON MAIDEN (esta última coreada por toda la audiencia que a esas alturas superaba los 12.000 espectadores) sortearon discretamente la valla, pero, siendo sinceros, no podíamos pedir mucho más. Si las veces anteriores en que KISS nos visitó, tocó con bandas del calibre de SLAYER y PANTERA, nada podíamos esperar de Racimo, quienes se la jugaron y, creo, salieron sin pena ni gloria, lo que ya es mucho decir.
Una vez concluida esta “intro”, a eso de las 20.45, la impaciencia se hizo gigante. Pasadas las 21.10 cayó una gigantesca cortina negra, con el logo de la banda en plateado. Desde ahí, la adrenalina comenzó a subir, y poco después de las 21.30 –con cierto atraso respecto a la hora prevista, es cierto, pero con mucho tino para que el estadio adquiriera un lleno casi completo–, comienza el “All right Santiago…you wanted the best, you got the best…the hottest band in the world…KISS” (frase gritada a todo pulmón por la mayoría del estadio) y, como un rayo, se desencadena “Deuce”, acompañada de la caída espectacular del telón y las primeras explosiones de la noche. Con sólo ese tema, creo que todos nos íbamos tranquilos a la casa, pero quedaba mucho, muchísimo más.
Allí se pudo apreciar, realmente, la producción de un show de KISS. Con cuatro pantallas led siguiendo todos los movimientos de la banda, un show de luces de otro planeta (¿qué tanto jugo dan con la producción del show de Madonna?) y un sonido redondo, muy bien balanceado y potentísimo, el grupo dejó en claro que, cuando salta sobre el escenario, no hay nada ni nadie que los supere.
Como un deja–vu al año 1974, la banda se dedicó a tocar su maestrísimo e imprescindible Alive! completo, en el mismo orden (salvo “Firehouse” y “Rock Bottom”, que no fueron interpretadas). Por lo mismo, sonaron atronadoras, poderosas, asombrosas, “Strutter” (en donde Stanley olvidó gran parte de la letra), “Got To Choose” y “Hotter Than Hell”. En todas ellas, la banda demostró, en cada instante, estar en plena forma, y jugándosela a mil en el escenario. Un Paul Stanley cantando maravillosamente y demostrando por qué es “el” frontman del hard-rock, secundado por el demoníaco “blood spitting, fire breathing” Gene Simmons, que con cada paso que da en el escenario demuestra su presencia dominante en la banda, y auxiliados por los “nuevos” Eric Singer en los tarros y Tommy Thayer en la guitarra.
En este punto quiero detenerme un poco. Ha sido muy criticada la decisión de Simmons y Stanley de traer a dos “impostores” a ocupar los lugares dejados por los clásicos Peter Criss y Ace Frehley. Pero hay que decir, con justicia, que el rol que juegan Singer y Thayer se ajusta milimétricamente a la performance de los clásicos Spaceman y Catman en KISS. Los movimientos ensayados, las coreografías (por ejemplo, con Thayer inclinado sobre sus espaldas durante el solo de “Black Diamond”) y trajes están recreados para dejar en claro que KISS es más que sus miembros, y que la imagen sobre el escenario trasciende a los integrantes, independiente del fundamental rol que estos hayan jugado en determinados períodos de la banda. Puedo decir que, ayer, ese concepto tan defendido a ultranza por Simmons y Stanley hizo absoluto sentido.
Volviendo a lo netamente musical, el show continuó con “Nothin´ To Lose”, en donde Singer, al igual que en el Unplugged, se hizo cargo de las voces, con una fenomenal ejecución de este tema, al que el clásico Criss le añadía tan sabrosos “fills” con su voz carraspeada. Posteriormente sonó “C´mon And Love Me”, en donde Stanley volvió a hacer de las suyas, jugando con el público y piropeando (no de la manera más caballerosa, claro está) a más de alguna mujer. Pero con “Parasite”, y ese infeccioso y estupendo riff, las cosas volvieron a salirse de órbita, y Thayer comenzaba a adquirir protagonismo, que en “She” pudo desencadenarse completamente. Al finalizar dicho clásico, con la misma extensión instrumental del Alive!, vino el solo de guitarra, acompañado de los imperdibles disparos de fuegos artificiales desde la Les Paul que siempre ha sido el arma principal de los Spaceman. Y que me perdone Ace Frehley, pero Thayer le copia todo (casi) a la perfección.
Una gran versión de “Watchin´ You” dio paso a uno de los puntos álgidos de la noche (otro más!), ya que con “100,000 Years” las cosas se fueron literalmente al olimpo. Que temazo. Que extraordinario solo de Singer (quien en esta parte demostró que está en KISS no sólo por poder emular exactamente a Criss –cuando este se encontraba en su mejor estado– , sino que además le agrega un poder y precisión fundamentales al sonido de la banda). Al igual que en Alive!, Stanley sale a animar al público y realizar las clásicas preguntas, que nos dejaron a todos en la luna, y sintiéndonos parte de este verdadero ritual que es KISS en vivo. Por si fuera poco, durante el solo de batería esta se elevó varios metros sobre su plataforma, con unos tubos que la impulsaban. ¿Qué más se puede pedir?.
En fin, y sin respiros, KISS seguía descargando clásico tras clásico, y “Cold Gin”, junto a “Let Me Go, Rock N Roll”, fueron los siguientes. De allí pasamos a la imprescindible “Black Diamond” (nuevamente con Singer a cargo de las voces), y donde Paul alargó la introducción (incluso tocando el comienzo de “Stairway To Heaven” de Zeppelin), haciéndonos delirar a todos cantando esa maravillosa estrofa…”out on the street for a living…pictures only begun…oh oh oh…got you under their thumb”…otra joya.
Luego se desencadenó el frenesí absoluto con la clásica “Rock N Roll All Nite” en donde toneladas de papel picado caían sin cesar, salía humo de todas partes, las luces dejaban la escoba y el público no daba más de éxtasis y emoción. Los ojos humedecidos de miles de Kisseros acompañaron a una tremenda versión de este inmortal himno del Rock N Roll. Allí, la banda se despidió, y todos nos quedamos esperando más. Queríamos más. Necesitábamos más.
Y la banda, como siempre, dio más. Y qué mejor manera de comenzar el “encore” que con el imperdible “Shout It Out Loud”, en donde la Kissarmy chilena se despachó tremenda actuación cantando todo el tema. Padres con sus hijos pequeños al hombro llorando de emoción fueron una postal vista en varias ocasiones durante el show, y con ello mi pregunta… ¿era realmente “peligroso” el show de KISS para los vecinos? Qué ignorancia (y franca estupidez) la de algunos personajes de la política. Después, vinieron los únicos recuerdos a los años 80, de donde sonaron “Lick It Up” (que distinto es escuchar este tema con Singer en los tarros –Criss daba pena ejecutando esta canción–) y la sorprendente “I Love It Loud”, precedida por el vómito de sangre de Simmons y un alucinante vuelo sobre el escenario, en donde, con un infernal fuego verde, el Demonio dejó en claro que no se anda con chicas y nos adoctrinó a todos sobre lo que es el Rock N Roll. Asombroso.
¿Aun quedaba más?...ya parece que con lo visto era suficiente, pero KISS promete lo mejor. Y qué mejor que una tripleta de oro para cerrar el show, en donde la banda se jugó sus últimos cartuchos (y vaya que eran hartos). Primero vino la bacilable “I Was Made For Lovin´ You” en donde las luces pusieron toda la onda. Luego, Paul voló a través del público, para cantar, en medio de la cancha, la genial “Love Gun”, con una vitalidad envidiable para un tipo que se acerca a los 60 años pero se sigue moviendo como lo hacía hace más de 30.
El broche de oro lo dio “Detroit Rock City”; que ayer fue “Santiago Rock City”. Cuando recuerdo lo que fue este tema simplemente no puedo describirlo con palabras. Monstruoso, apocalíptico, místico, mágico, épico…cualquier epíteto se queda pequeño. Si parecía que se incendiaba el escenario con tantos fuegos artificiales cayendo por todos lados…por arriba, por abajo, la batería elevada con hélices de artificio y un show pirotécnico al aire libre que hiciera creer que estábamos celebrando el año nuevo. Un final mágico.
“God Gave Rock N Roll To You II” acompañó nuestra salida, y las caras de los 18.000 afortunados que asistimos a este show eran el testimonio vivo de que lo presenciado la noche del 3 de Abril vivirá como el mejor concierto en vivo dado sobre tierras criollas. Es que, al lado deKISS en vivo, todo lo demás es amateur. Los dioses del Hard Rock vinieron y nos demostraron cómo hay que hacer las cosas…no hay más que esperar que vuelvan (ojalá el próximo año como dijo Stanley) para recordarnos que cuando uno quiere lo mejor, lo tiene, y eso no es más que la banda más caliente del planeta: KISS.
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