Vívido. Nunca una letra había tenido tanto sentido. Terminaba la primera parte del show de GAMMA RAY y la banda ejecutaba la maravillosa “Man on a Mission” y en la parte que dice “Let us walk away together from the never ending rain", Dirk Schlachter miraba hacia arriba apuntando la lluvia que anegaba parte del escenario, sobretodo la batería de Zimmermann. Porque sí, aunque cueste creerlo, el añoso Teatro Novedades no resistió la lluvia que se hizo presente y se comenzó a llover en varias partes. Y lo que en un principio era una contra, se transformó en un plus.
Es que el recital había caminado por derroteros bastante correctos hasta ese punto y no por culpa de una banda siempre entregada y que suele brindar muy buenos conciertos. El sonido del Novedades era lo que impedía disfrutar a cabalidad el show. Siempre lo he dicho, ese recinto debiera estar proscrito para cualquier cosa que implique tocar un instrumento dentro de él, porque la acústica es horrible. Es claro y lamentable, no había otro disponible no más, pero así y todo, show en el Novedades es garantía de mal sonido. No conozco una banda que haya sonado bien en el recinto de la calle Cueto.
Pero desde ahí el concierto fue otro, la banda agarró aún más energía (si es que eso es posible) y literalmente mojó la camiseta hasta el final de la velada. Son los detalles que hacen de un show una experiencia única. Experiencia que partió puntualmente. A las 20:00 unos energéticos BLODEN WEDD subieron a escena a hacer lo que bien saben: powermetal. De la mano de un talentosísimo Dan Elbelman, los santiaguinos que habían estado un tanto desaparecidos de la escena, aprovecharon súper bien los 40 minutos que estuvieron en las tablas. Se pasearon por su discografía más clásica, con “Raging Planet”, por su disco “Eyes of Horus”, con la potente “Lone Runner” y la hímnica “Power Metal Pride” y con un par de nuevos temas de su próximo disco, “The Rising”. BLODEN WEDD demostró que sigue siendo una de las agrupaciones más potentes del heavy metal nacional y que, a pesar de las notorias fallas de sonido, brindaron un show a la altura del plato principal.
Luego la pausa, la larga larga pausa. Casi una hora pasó entre la salida de BLODEN WEDD y el arribo de los alemanes. Escuché por ahí que GAMMA RAY llegó tarde al recinto y que ésa fue la razón. A la gente poco le importó y cuando se apagan las luces, comienzan los acordes de “We Will Rock You” enlazada con “Welcome” su ya clásica intro, todo fue delirio. Y si a eso le sumamos la potente “Gardens of the Sinner”, encargada de abrir el show, el resultado es tremendo. Poco importó la espera y sobretodo poco importó el precario sonido dentro del recinto. GAMMA RAY en vivo es una banda probada, una banda de la que tienes la certeza que va a ser un show de aquéllos y que, por lo menos a mí, nunca me ha dejado disconforme. “New World Order” fue la que le siguió manteniendo el nivel altísimo, con una banda que no sólo toca, se divierte tocando. Henjo Richter nunca deja de sonreír y de jugar con la gente de las primeras filas y eso tiene un correlato lógico con el público que tampoco se cansa de gritar.
Correlato que se da inclusive en los nuevos temas. Personalmente los últimos discos de los alemanes me provocan sentimientos encontrados. Tienen de todo, grandes temas y también de los otros y esa dicotomía se manifestó en el show. De su nuevo “To the Metal” sonaron dos al hilo: una “Empathy” que no me provocó empatía ni en estudio y que tampoco me traspasó demasiado en vivo y una “Deadland” magnífica, realmente magnífica. Uno de los mejores temas de su última placa. Un gusto escucharla en vivo, así como un gusto fue también la brutal “Fight” que nos muestra un Dan Zimmermann monstruoso. El tipo no es un virtuoso, pero es un animal y una máquina. No comete errores y es capaz de mandarse un solo tremendo y sumarle “Armageddon” sin reclamar, pero ya llegaremos a eso.
Lo que siguió fue lo más bajito no sólo del show, sino que de las 5 presentaciones de Gamma Ray en Chile. A una apagadísima e insulsa “Mother Angel” se le sumó otra menos brillante “No Need to Cry” con el momento freak de la noche: Dirk Schlachter sentado tocando guitarra y cantando mientras la banda descansaba. Dirk es todo un personaje, es el cuarto lado de la cruz que se forma en escenario, es el segundo a bordo y mano derecha de Hansen. Se comunica con la gente en un entendible español y le da harta onda al cuento.
Pero el que domina esto es el omnipresente Kai Hansen. Un personaje de esos únicos, que no están en toda la banda. Es el padre de todo esto. El power metal como hoy lo conocemos le debe su vida no sólo a lo que Hansen hizo en HELLOWEEN, sino que a la imagen de este simpático personaje. Alguien que siempre tiene una gran disposición, que está cantando muchísimo mejor que cuando decidió reemplazar a ese portento vocal que era Ralf Scheppers y cuando se planta casi solo en escena y empieza a pedir ayuda para esa maravilla de tema llamada “The Saviour” sobrecoge. Como dije anteriormente junto con las primeras gotas y las primeras notas de este tema, el show mutó y volvió a la categoría de espectáculo del que Gamma Ray nos tiene acostumbrado. Schlachter y Hansen en una dupla indestructible con el inicio de “Abyss of the Void”, personalmente de los mejores temas de la banda, de un disco que marcó un antes y un después en la historia de Gamma Ray. “Land of the Free”. No es el que más disfruto, personalmente creo que “Somewhere Out In Space” (disco del que no sonó absolutamente nada, inentendiblemente) es la mejor obra de Gamma Ray y la que ve nacer una formación dorada que se mantiene hasta hoy, es indudable la influencia de esta obra maestra que ya cumple 15 años. A propósito de esto. Fue promocionado como “los 20 años de Gamma Ray”, concepto errado, ya que el show se centró desde el “Land of the Free” en adelante, pero bueno, palabras más o menos, desde acá el show agarró una onda impresionante.
Y bueno, la hora del solo. Dan Zimmermann es el que asume el protagonismo, con un solo exquisito. No soy demasiado fan de esta parte de los shows, que sirven más para que la banda descanse y la gente vaya al baño, pero éste tuvo más ingredientes. La adaptación de “La Marcha Turca” de Mozart con Dan como cuasi solista fue notable. Es agradable cuando esta sección de los shows es un poco más que una demostración un tanto onanista de habilidades técnicas. Ese algo más hizo que la gente aplaudiera a más no poder. Y como dijimos, Zimmermann quedó raja, tirado en su ya mojada batería, pero sólo tomando un poco de aire, ya que el jefe Kai vuelve a escena y empieza otro de los grandes momentos del show, la monumental “Armageddon” de “Powerplant”, disco que cierra la trilogía de obras maestras de Gamma Ray que empiezan el 95 con el “Land of the Free” y prosiguen el 97 con el “Somewhere Out in Space”. Fue un gran regalo, prácticamente no la habían tocado en Chile (digo prácticamente ya que los alemanes la tocaron en ese íntimo show en La Batuta en 99), así que fue un momento que las cerca de 800 personas disfrutaron a concho.
Y se vino “el tributo”. Gamma Ray se ha ganado la fama de ser una banda un tanto influenciada por las agrupaciones más clásicas (cuestión que de ser pecado, transformaría al 95% de los grupos en merecedores del infierno rockero). Y Hansen tomó el guante, saliendo vestido con boina de cuero y lentes negros, a la usanza de Rob Halford para interpretar “To The Metal” que no es más que un tributo a “Metal Gods” y eso quedó plasmado en escena transformándolo en algo irreprochable.
Nuevamente y ya con un escenario transformado en un vergonzoso diluvio, Gamma Ray recuerda su obra más influyente. “Rebellion in Dreamland” sonó magnífica, con el añadido que por fin la tocaron entera (regularmente es cortada a la mitad), pudimos apreciar toda la majestuosidad del tema. Y no sólo fue interpretada a cabalidad, sino que fue pegada con la maravillosa y brutal “Man on a Mission”, que es la que le sigue en el mismo álbum. Demás está decir que la gente la recibió de una manera sobrecogedora, cantando hasta cuando Kai callaba. Es más antes de terminar el tema, la banda en vez de seguir con el coro silencia sus instrumentos y fueron 800 voces las que siguieron cantando. Es de esos momentos que no se dan muy seguido y que hace que a las bandas les guste esa entrega del público sudamericano. De rodillas terminó Hansen la primera parte del show.
Cualquiera hubiera pensado que ya estábamos, que con los 95 minutos que ya iban era suficiente, tomando en cuenta de que parte del escenario estaba anegado, pero no. Hansen vuelve y no sólo sigue el show como si no pasara nada en el Teatro Copeva, sino que además nos regala “Ride the Sky” de su etapa con la calabaza. Si “Man on a Mission” fue desenfrenada, esto la superó. Un temazo que tiene 25 años y que suena con más vigencia que nunca en la voz original. Una maravilla entrelazada con la no menos clásica “I Want Out” y el ya típico payaseo entre los miembros de la banda. Otro gran momento. ¿Final?, para nada. Aún quedaba algo más. Y fue la que desde hace 13 años oficia como cierre de los shows. “Send Me a Sign” de “Powerplant” fue la encargada de poner punto final a un show que las circunstancias hicieron memorable.
La nota final está dada por dónde se pone el énfasis. Si lo ponemos en las circunstancias externas, en lluvia y su vergonzoso estrago en escena, en el precario sonido o en un setlist que tuvo momentos flojos, muchos podrán pensar que la calificación es baja, pero Gamma Ray tuvo la capacidad de pasarse todos esos contras por buena parte y entregar un show redondo. Cualquier banda con un escenario a medio anegar, con el peligro que eso conlleva hubiera salido corriendo, pero los alemanes demostraron de qué están hechos. No sólo no arrancaron, sino que tocaron con más fuerza que nunca, se graduaron de ídolos y nos mostraron que son de verdad. Parafraseando un cántico de estado: “Hay que cantar con más fuerza si nos estamos mojando…, eso se llama “muchachos” tener sentimiento”. Grande Gamma Ray…
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