Hay un hecho que retrata de cuerpo entero lo que es Blaze Bayley hoy. Ya casi terminado el show, enfundado en una camiseta de Chile con sus iniciales, regalo de un asistente (que se llevó la camisa de Bayley como regalo), Blaze señala que se quedará firmando autógrafos y sacándose fotos después de que terminara el show. Y se lo tomó a pecho. Se sentó a un costado del escenario y se sacó cuanta foto le pidieron. Cuando los guardias se aburrieron, bajó a la barra a seguir compartiendo con la gente y cuando ya, los dueños del local quisieron cortar todo, apagando las luces, el inglés salió a la calle a firmar los autógrafos y sacarse las fotos que quedaban. Era conmovedor ver a Blaze en plena Avenida Macul, casi una hora después de finalizado el monumental show compartiendo, siempre con buena actitud y una sonrisa.
Es que el concierto del ex cantante de Wolfsbane y Iron Maiden fue conmovedor en muchos niveles, el nivel de entrega, de vivencia, de emoción del show de Blaze que se complementaba de manera perfecta con la potencia de su propuesta, hicieron de éste, nuevamente, tal como en Abril del 2010, un show memorable.
Pero partamos desde un principio. Cerca de las 21:00 los nacionales de BREIK dieron el vamos a la velada. Y de qué manera. La actuación del quinteto santiaguino fue sorpresiva y demuestra que nunca está demás un número nacional de apertura, independiente de los kilates del plato de fondo. Los muchachos se pararon ante las poco más de 100 personas que a esa hora había en el recinto de Macul con pachorra y personalidad, mostrando un potente heavy metal, con harto de hard rock, destacando la voz de Cristóbal Aragón, un muy buen cantante y también, lo que es tanto o más importante, un muy buen frontman. La banda de los hermanos Poblete (Mario, Alvaro y Fabián) presentó temas de su disco “Híbrido”, lanzado el 2010 y en su poco menos de media hora de actuación se ganó el respeto de la gente que había que los premió con un merecido aplauso.
SET BREIK:
1.- Hoy creo en mi
2.- Mírame ahora
3.- Te digo adiós (solo bateria)
4.- Olvidar el dolor
5.- Por ti muero
De a poco fue llegando algo más de gente, la que con suerte superaría las doscientas personas. Poco para el nivel del show que se presentaría minutos más tarde. Amenizados con fútbol y videos de rock, la espera se hizo menos tediosa. Al ser un bar, muchos paliaron el calor con una buena y helada cerveza. Más que un “gran evento”, era una reunión de amigos en torno a una banda que cada día está más consolidada, que hace las cosas a pulso y que tiene a un Blaze Bayley en una gran forma vocal y sobretodo compositiva. El “Promise and Terror” es de esos discos que te vuelan a la cabeza desde el principio y es la guinda dentro de una discografía sin fallas.
En eso estábamos cuando la banda relajadamente se sube a escena, enchufa sus instrumentos y una pequeña intro comienza a sonar, para dar paso a la monumental “Blackmailer” del “The Man Who Would Not Die”, potente inicio para una primera parte del show que nunca bajó las revoluciones. Blaze sabe, que teniendo una discografía excelente, sus dos últimos discos están a otro nivel en potencia, en sonido, en intensidad, por lo que basar el set en esos dos discos es completamente acertado. Sin pausas, la gran “Smile Back at Death” nos muestra algo que será patente en las dos horas de recital. La entrega de Blaze en el show. Si ya lo habíamos destacado en la reseña del concierto anterior, esta vez eso se multiplicó. Qué manera de vivir y de sentir cada tema Bayley, sus dos últimos discos contienen temas muy personales y más que “cantarlos”, Blaze los “cuenta”, con rabia, con pena, con fuerza y es eso lo que se agradece. No viene a “hacer la pega”, sino que viene a hacernos parte de sus propias historias, es por eso que el concierto se hace tan emotivo y a la vez potente.
La potencia no para, con la rápida “Faceless” y aún con unos pequeños problemas en el micrófono, podemos percibir una banda afiatada, un David Bermúdez en el bajo que es el que le da el histrionismo a los acompañantes del ex Iron Maiden, lo que contrasta con el talento un poco ensimismado de su hermano Nicolás, que tiene un nivel sobresaliente en las seis cuerdas. “Waiting For my Life to Begin” y la fuerza de un recital que no para, con un Blaze que además arenga al público de una manera que bordea la locura. Siendo el Rock y Guitarras un local súper cercano entre artista y público, faltó poco para que Blaze se tirara al éste. Una entrega, que no me cansaré de decirlo debiera ser exigencia para muchos que no han logrado ni la mitad, ya que independiente las opiniones de su paso por la doncella, Blaze Bayley fue cantante de la mejor banda de heavy metal que ha parido la tierra y eso por sí solo hace que tenga un peso específico superior a muchísimos.
“City of Bones” y la excelente “Voices From the Past”, en la que Blaze nos invita a no quedarnos pegados en el pasado y mirar siempre hacia adelante fueron las siguientes. Los temas están construidos de una manera súper inteligente, que son potentes y a la vez fáciles de seguir, tienen ese sentido del himno que Blaze aprendió en Iron Maiden, por lo que no importa que los temas tengan relativamente poco tiempo, son coreados como grandes clásicos.
Como dijimos al principio de la reseña, el show fue conmovedor en muchos niveles y quizás éste fue el momento más emotivo de la velada. Blaze sufrió hace un par de años uno de los golpes más grandes que alguien puede sufrir: la partida anticipada de un ser querido, en este caso fue su señora y manager Debbie. En el “Promise and Terror” los cuatro temas finales son una especie de homenaje y a la vez terapia en la que Blaze narra el proceso que vivió para sobrellevar la vida sin ella y la verdad que la manera de expresarlo en escena emocionaba. Esta vez Blaze no se guardó nada y los cuatro temas: “Surrounded by Sadness”, “The Trace of Things that have no Words”, “Letting Go of the World” y “Comfortable in Darkness”, fueron relatados sin pausas ante una audiencia que se hizo parte de la historia de Bayley. De verdad, de esos momentos que hay que encapsular y no olvidar jamás.
Pero la historia de este hijo de Birmingham no sería lo mismo sin la banda que lo hizo mundialmente conocido. Blaze sólo acompañado con Nico nos entregó un tema que “nunca con Iron Maiden lo había tocado y que era especial para esta parte del mundo”. “Como estais Amigos” con un arreglo acústico nos mostró a un Blaze en una gran performace vocal. El tipo no es de aquéllos que tiene un gran caudal vocal, sino que tiene profundidad y fuerza en la voz. “Futureal”, del “Virtual XI” hizo remecer el recinto de Avenida Macul, formando un pequeño mosh. Otra cosa destacable del concierto de Blaze, es que, a diferencia del show anterior, se vio al cantante disfrutando más, menos ensimismado, quizás más contento, lo que le dio otro cariz al recital. Esta vez se notaba que Blaze la estaba pasando bien.
Era el momento de revisitar los primeros discos de la banda, “The Launch” y “Blood and Belief” fueron las que cayeron y las que precedieron a otro de los grandes momentos de la velada. Blaze que nos habla de libertad, de vivir la vida con libertad, para pasar a un clásico de Iron Maiden, porque sí, “The Clansman” es un clásico. Sus nueve minutos lo transforman en uno de los mayores himnos de Iron Maiden, que se escuchó con fuerza. Estoy seguro que este tema fue coreado incluso fuera del recinto de Macul, me atrevería a decir que la potencia se escuchó incluso fuera de Santiago.
Es que esto es algo muy destacable dentro del repertorio de Bayley. Los temas de Maiden son momentos intensos, pero que son parte de un set redondo, la gente corea con la misma fuerza estas canciones, como las de los discos solistas de Cook. Y eso tiene un doble mérito, no quedarse pegado en la banda que te hizo famoso, cuestión que a muchos les ha costado demasiado y demuestra un esfuerzo por mostrar una propuesta propia.
Con “The Brave” de su disco debut, se mantuvo el show en alto. Ya faltaba poco y la parte final del recital fue combo tras combo. Comenzó con “Watching the Night Sky”, tema que abre su “Promise and Terror” y siguió con una de las canciones más brutales de la discografía de Blaze, también de su último disco. “Madness and Sorrow” es uno de los mejores temas de Blaze y nuevamente hizo que el desenfreno se apoderara del Rock y Guitarras. Qué momento
Y en el siguiente tema quiero detenerme un poco, porque representa la esencia de Blaze, aquélla de una persona que le ha tocado vivir con la buena y también con la muy mala y que se ha ganado su lugar a pulso, un hombre que se resiste a caer y que claramente no va a morir. “The Man Who Would Not Die” fue, al igual que en abril pasado, lo más destacado del show, una canción con una fuerza y un sentimiento desgarrador, que ya marcaba casi el epílogo del show, que terminaba con la casi thrashera “Robot”, un excelente final para un concierto intenso en sus dos horas.
Pero faltaba más, Blaze que sale de escena y se pone la camiseta de Chile con sus nombre y nos presenta el único tema. El que faltaba (aunque se comió “Samurai”), el que lo hizo conocido y puso su nombre en órbita mundial. “Man on the Edge” fue un corolario estupendo para otro show inolvidable de Blaze.
No obstante lo dicho, creo que cualquier loa se queda corta para el nivel del espectáculo, que claramente merecía un marco de público mayor, pero eso a la larga fue una ventaja, lo hizo más íntimo y a la vez más entregado aún. Blaze Bayley es una persona que pone la vida en cada canción, que te invita a participar, que transforma un show en una verdadera vivencia, que es capaz de transmitir sus propias sensaciones en cada canción y que te hace parte de eso. Con una humildad ejemplar, con una disposición envidiable. Si hiciera su pega y se fuera, como muchos lo hacen, sería un concierto extraordinario. Pero los ingredientes emocionales, el carisma y la entrega de Blaze hicieron de éste, un show sin pirotecnia ni nada anexo, uno de los shows más impecables que ha pasado por nuestro país. Ante tamaña puesta en escena, no cabe más que dar las gracias.
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