Partamos diciendo que si el recital del pasado sábado se titulaba “Big Metal Fest”, uno supone que las bandas soporte también son parte de lo que uno viene a reportear. Por ello nos sorprendió que, a pesar de llegar puntualmente a la hora indicada por la producción, los reporteros tuvimos que esperar afuera mientras el show de HIELO NEGRO ya estaba en marcha. La sorpresa continúa cuando el encargado no nos entrega una credencial, sino una entrada de platea. “Será”, nos dijimos, y partimos a tomar ubicación.
Ya la presentación de HIELO NEGRO tocaba a su fin; una lástima no haber podido escuchar a los puntarenenses en el marco de un Caupolicán lleno a rabiar. Alcanzamos a ver que parte del público de cancha coreaba sus canciones; qué bien que con la expectación que causa la banda principal, los asistentes mostraran respeto y apoyo a los nacionales.
DEVIL PRESLEY salió a escena en un ambiente cada vez más caldeado. La banda liderada por Rod Presley tocó un repertorio de unos 30 minutos salpicado por clásicos como “Barfly”, los cuales consiguieron prender a un sector del público de cancha. Una vez más, el público actuó con bastante respeto, y es que DEVIL PRESLEY tiene una trayectoria y un sonido que les permiten pararse con soltura en una ocasión como esta.
Desde mi ubicación podía ver cómo el teatro ya estaba prácticamente lleno. Recorriendo el lugar se podía apreciar la presencia de algunos fans bastante jóvenes. Como Vicente, un chico de unos doce años que, cerca de mí, le pregunta a su padre por la hora. Y es que la espera en esos momentos se hacía eterna. Alguien sale a escena: es Sam Dunn, el cineasta canadiense conocido por su documental “Metal: A Headbanger’s Journey”. Dunn saluda al público y explica que están allí para filmar un DVD; claramente busca calentar a la audiencia al agregar que “nos dijeron que los fans más locos de MOTORHEAD están en Chile”, frase recibida con un rugido del público, como era de esperar.
Finalmente, a las 21 horas las luces se apagan. Vicente se pone detrás de su papá y se toma firmemente de sus hombros. En el escenario, Mikey Dee sube a la batería, detrás de él sale Phil Campbell y finalmente Lemmy, en su clásico atuendo negro de sombrero y botas vaqueras. El conocido saludo con el que abre sus shows -“Buenas noches, somos Motorhead y tocamos rock’n’roll”- se ve un poco cortado por los gritos del público, pero ¡qué importa! Ahí está ya sonando “Iron Fist”, y la gente se vuelve loca. Mejor tema, imposible.
El sonido es ensordecedor. Seguidamente, otro clásico, “Stay Clean”, al cabo del cual Lemmy saluda a la audiencia para anunciar el siguiente tema, “Get Back In Line” de su más reciente disco The World is Yours. Luego vendría el turno de “Metropolis”, con un público de cancha enfervorizado, que cada cierto tiempo estallaba en círculos de mosh. Especialmente con temas como “Rock Out”, donde el teatro literalmente hervía, y cada vez más personas se sacaban la polera.
Un brillante solo de guitarra de Phil Campbell precedió a “The Thousand Names of God”. Otro tema de The World is Yours que tocaron fue “I Know How to Die”, que Lemmy presentó indicando el telón con el nombre del disco. Luego de brindar a la salud del público junto a Campbell, Lemmy presentó “In The Name of Tragedy”, y muchos reconocimos allí la señal de que se venía el solo de batería de Mikey Dee, uno de los grandes momentos de la jornada. Hay que decir que Dee no sólo es un buen baterista, sino que un gran showman, preocupado de animar a la gente y brindar un espectáculo, ya sea con el truco de arrojar incontables baquetas al aire, una tras otra, o con este solo de batería, reforzado con un gran trabajo de luces y humo.
Lemmy se dio el tiempo de presentar varias de las canciones: en “I Got Mine” aclaró que dicha canción “es de 1983, antes de que ustedes nacieran”. En el caso de “Just 'Cos You Got the Power” explicó que estaba dedicada a los políticos, lo que Campbell reafirmaba haciendo un gesto bastante explícito a la altura de la entrepierna. Y antes de tocar la magnífica “Going To Brazil” la dedicó a algunos miembros brasileños del “road crew” de la banda, agregando que le gustaría hacer un “Going To Chile” alguna vez, dejando claro que estaban encantados con el público.
El show se fue cerrando con dos potentes temas: “Killed by Death” y “Ace of Spades”, donde el mosh, los cantos y los puños en el aire coparon el recinto. La banda agradeció y saludó a la gente, que siguió gritando y aplaudiendo, convencida de que aún quedaba rock. MOTORHEAD vuelve a escena preguntando si queremos una más. Todo el mundo levantó sus manos para indicar no una, sino muchas más. Pero sólo sería una, y nada menos que “Overkill”. La multitud enloqueció; los torsos desnudos y sudados se agitaban como un hormiguero en la cancha. Final apoteósico; humo, luces, riffs, la banda saliendo a regalar uñetas y baquetas; Lemmy tirando besos al público con la mano, claramente contento del resultado de la jornada.
Creo que el hecho de que la banda quisiera filmar su DVD en Chile benefició al público presente en el Teatro, ya que el trabajo de iluminación fue excelente, permitiendo apreciar mejor por ejemplo, a Mikey Dee. Fue un show de clase mundial.
A mi lado, el pequeño Vicente está sonriendo apoyado en los hombros de su padre, Felipe. Le pregunto si le gustó, a lo que respondió que si. ¿Y qué le gustó más? Me sorprende diciendo “¡Ace of Spades!”. A su lado, Felipe no podía ocultar el orgullo de haber pasado a su retoño el gusto por una banda emblemática del rock mundial.
“No nos olviden” –dijo Lemmy al despedirse— “Somos Motorhead y tocamos rock’n’roll”. Estoy seguro de que Vicente no los olvidará jamás.
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