Lo del pasado domingo fue un lujo, de ésos que no importa que se repitan año a año, no importa que ésta sea la ¿séptima? visita de los argentinos, siempre hay algo que la hace especial, algo que la hace única. Rata Blanca tiene una batería gigantesca de tremendos temas, además de clásicos imperecederos. Es por lo mismo que no hay concierto de los trasandinos en que la gente no diga presente. Esta vez por lo menos cuatro mil personas disfrutaron de un concierto que –como se expresará más adelante- tuvo ribetes de histórico.
A pesar de que habían tocado 24 horas antes en Concepción, puntualmente a las 21:00 se apagaron las luces de ese exquisito recinto que es el Caupolicán y aparece el quinteto que ya no tiene que demostrarle a nadie que son LA banda, excluyente, de heavy metal latinoamericano. Existen varias bandas que han puesto el nombre de Latinoamérica en el concierto del heavy metal a nivel mundial, pero es Rata Blanca la que ha llegado más lejos, incluso con la barrera idiomática. Además en Chile generan una devoción impresionante, no hay show de los trasandinos que no lleve una cantidad considerable de gente.
Y si a eso le sumamos que la banda celebraba los 20 años de ese disco maravilloso que es el “Magos, Espadas y Rosas”, no podíamos sino esperar que, como siempre los liderados por Barilari y Giardino entregaran un show soberbio. Y así no más fue. Desde los acordes de “Las Voces del Mar”, a modo de intro que desembocó caída de telón mediante –a la antigua- en una “El Reino Olvidado” que fue coreada por las cuatro mil almas que a esa altura hacían ver colmado el recinto de San Diego. La banda partió un poco fría, sintiendo un poco el esfuerzo de su presentación de la noche anterior, con un Barilari sufriendo un poco, más que por su voz (que por largos pasajes alcanzó niveles sobresalientes) por que sonaba muy bajo. No pasó un tema para que el pequeño gigante de las cuerdas vocales argentino hiciera su pega de una manera soberbia. Ya con “Diario de una sombra” la banda sonaba sólida y machacante.
Temprano, ya casi como una saludable costumbre, Rata Blanca lanza el que para mí, debe estar en su top 5 de temas históricos, “Solo para amarte” de su disco debut destrozó el Caupolicán, la gente estaba rebosante, es un temazo que en la voz de Barilari ha adquirido un cariz aún mejor. Si bien el tema es de la época de Blanche, es Adrián el que le da una potencia que lo ha elevado a la categoría de himno. “71-06 (Endorfina) de su última placa editada siguió con la potencia del rock and roll en su máxima expresión. Si bien Rata Blanca tiene como base el hard rock setentero de Deep Purple y Rainbow, ha sabido crear un estilo propio y reinventarse disco a disco, a pesar de las fórmulas. Algo que por ejemplo Yngwie Malmsteen (de la misma escuela) no ha podido hacer. Los trasandinos suenan frescos a pesar del tiempo, no parece un autoplagio, ni menos una caricatura de sí mismos. Pueden hacer un set exclusivo de su nueva época y tienen temas suficientes para llenar un repertorio sin que haya faltas.
Y en ese nuevo repertorio nunca faltan los temas más reposados, más íntimos. Esos singles que Rata Blanca nos acostumbró desde “Mujer amante”. Y cada uno de ellos se diferencia y llega. En esta oportunidad la bella “Aún estás en mis sueños” fue la encargada de darle pausa, en cierto modo al show. Y digo en cierto modo, por que si bien son las revoluciones las que bajan, no así la intensidad del show.
“Angeles de acero” de su otro disco clásico, “Guerreros del Arco Iris” fue una de las sorpresas del día. Gran tema, gran letra, de las muchas de los argentinos, que llaman a enfrentar los problemas del día a día con positivismo, con rock and roll.
Y llegamos al momento casi de ensueño. Uno está acostumbrado a que los dos grandes clásicos de la carrera de Rata Blanca caigan en las postrimerías del show. Pero era una ocasión especial, una celebración, 20 años de un disco clásico, que si bien fue presentado en Chile hace ya 19 años, en ese lluvioso día con L.A. Guns, merecía un marco de público mayor. Tal cual, “La leyenda del hada y el mago”, ese gran tema que llevó a Rata Blanca a lo más grande de la escena hispano parlante a muchos los llevó a años atrás. Particularmente se me vino a la mente el recuerdo del programa O.K. en UCV Televisión donde pasó por primera vez el videoclip del tema. Recuerdo que lo vi en el programa de las 15:00 y quedé tan impresionado, que esperé el programa de las 23:00 para grabarlo. Hasta hoy es de esos temas que no cansan, que pueden pasar años sin escucharlo, pero el solo comienzo de Gustavo Rowek en ese entonces y Fernando Scarcella ahora, mueve al cabeceo. Un tema inmortal. Y si “La leyenda del hada y el mago” abrió las puertas, “Mujer amante” hizo una entrada triunfal. Un tema que se toca en todas las radios, rockeras o no, fogatas varias, incluso me han comentado que la han escuchado en lugares donde las niñas bailan mientras sus prendas caen (lugares que personalmente no conozco). Es decir, un tema que trasciende el rock y que era EL tema que todo el mundo conocía. Ergo, fue el más coreado.
Pero Rata Blanca no se quedó ahí, el “Magos, espadas y rosas” iba a ser ejecutado en su totalidad y la que seguía fue la brutal “El beso de la bruja”, con una banda potente, aceitada, con un Danilo Moschen preciso en los teclados, que le ha traído juventud a una banda a la que, de todos modos, no parecen pasarle los años encima. La maravillosa “Haz tu jugada” completó un cuarteto de lujo. Es lo que tienen los discos clásicos. Sólo temas imprescindibles.
El influjo de Rainbow se hace tremendamente patente en “El camino del sol”, injustamente olvidada tanto por la banda en sus giras anteriores, como por los fans, que no la cantaron con la misma fuerza. Es, para mí, la gema perdida de un disco perfecto, es la mística, el viaje. Tremendo tema. Como tremendo también es el siguiente tema. Rata Blanca es de aquellas bandas con mensajes siempre positivos, con temas que llaman a no quedarse sentados y a luchar cuando haya problemas. De eso se trata “Días Duros”, un himno para cualquiera que pase por un momento complicado, gran momento, gran tema. Y para terminar este clásico disco, todo el feeling de Giardino en “Por qué es tan difícil amar”.
Después de ese trance que fue escuchar el “Magos, Espadas y Rosas” en su integridad, podrían haber tocado un par más e irse para la casa. Pero no, Rata Blanca tenía cuerda para rato y ese gran “El Círculo de Fuego” de “El Reino Olvidado”, volvió a remecer el ambiente, para dar paso ahora al virtuosismo en plenitud de Giardino. Si con “Por que es tan difícil amar” es un feeling íntimo, con “Preludio Obsesivo” es el malabar, casi el onanismo en las seis cuerdas. Nada que decir, el tipo es un capo y además es un gran compositor y bueno, lo vomita en ese largo momento en que toda la banda juega para él.
“No seré uno más, rock and roll, vos me diste libertad”. Una proclama, una consigna de una banda que lleva el rock and roll en la sangre y que vive para él. Por eso “Abrazando el Rock and Roll” era perfecta para terminar la velada y lo hizo en su primera parte. Rata Blanca es una familia, con la ventaja que da el mismo idioma, la gente canta todos los temas, los canta íntegros, no sólo los coros y eso provoca una intensidad y una comunión que no se ve todos los días.
Poco se hizo esperar la banda, ya era algo tarde. “La Llave de la puerta secreta” y su respectiva intro hizo saltar a todo el mundo, el que con “Chico Callejero” siguió cantando a full. No podemos dejar de destacar la impecable performance de Adrián Barilari, a qué tonos está llegando el petiso (escoba), con una potencia y un sentimiento que se ve poco. Qué profesionalismo, gran contraste con un cantante brasileño de una mega banda que hizo poco menos que el ridículo hace un par de semanas. Había cantado 24 horas antes, un set exigente y en el Caupolicán se peinó. De los mejores cantantes de heavy metal (personalmente, mejor que cualquiera de Yngwie Malmsteen).Y ahora sí, llegamos al final del show, y no podía ser de otra manera. La ecológica “Guerrero del Arco Iris”, otro clásico de aquéllos puso el punto final a una noche realmente notable.
Este show debe estar fácil entre los de mejor repertorio que me ha tocado acudir, no sólo por que se ejecutó el más grande clásico disco de la banda en su integridad, sino por que no faltó nada. Quizás “Volviendo a casa” fue extrañada, el resto fue hit tras hit, con un sonido que fue subiendo de nivel a medida que pasaban los minutos. Una banda que da lo mismo que venga año tras año, siempre es un agrado verla, compartir y disfrutar la fuerza de su rock and roll.
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