La gente no se quería ir. Pasaron 15 minutos y la gente no se movía de su lugar. Queensrÿche había tocado Take Hold of the Flame y había dicho adiós, un adiós prematuro condicionado por el problema que tuvo el computador que lanzaba las bases y que estaba al costado de la batería. La gente quería ser recompensada por la espera de 20 minutos entre la partida, el notorio cambio de set y la vuelta de la banda para el segundo tema. Por eso sentía que no estaba satisfecha. La mitad de gente se había retirado, pero pasados 25 minutos, el monumental Geoff Tate (advierto que las loas a la voz de los estadounidenses se repetirán a lo largo de esta reseña) Michael Wilton y Mike Stone vuelven para regalarles a los más de 600 fans que aguantaron casi media hora, ese bello himno llamado “Silent Lucidity”, casi de manera íntima, para que la gente se fuera no en paz, pero medianamente recompensada a su hogar.
Es que la visita de los de Seattle era esperada por años. Hace 11 habían anunciado visita junto con Whitesnake y Megadeth, la que se cayó (coincidentemente las tres bandas agendaron conciertos para este mayo, aunque Whitesnake haya cancelado). Queensrÿche cuenta con una legión de fans, que si bien no es numerosa (no entiendo porqué) es fiel y dijo presente en el Teatro Teletón. Un poco más de mil personas fueron testigos de un show extraño, pero no por ello menos impresionante.
A las 19 horas exactas se apagaron las luces y “Best I Can”, tema que da la partida a ese imprescindible disco de 1990, “Empire”, dio también el vamos a una velada inolvidable. Y vaya de qué manera, un sonido impecable, una banda que no rozaba la perfección, sino que la alcanzaba y la sobraba. Habíamos muchos que aún no entendíamos que estábamos por fin cumpliendo un anhelo y Tate y Cia. estaban plasmando de manera perfecta lo que uno quería ver y escuchar. Las segundas voces de Eddie Jackson y Mike Stone sonaban soberbias, un lujo. Hasta el fin del tema y el aciago momento. El computador desde donde se lanzaban los samples colapsó, Tate nos dice que vuelve en unos minutos y todo fue oscuridad, técnicos corriendo, hasta que salieron un par de roadies, cambiando el set impreso. 20 minutos de silencio. El inconveniente hizo que Screaming in Digital, The Killing Words (qué perdida!!!!), Gonna Get Close to You, Anybody Listening, la monumental Empire lisa y llanamente no sonaran (por poco también Silent Lucidity no suena, punto para el fiel público)
Costó un poco que la gente prendiera, NM156, sin los samples, puso las cosas en su lugar y comenzó a encender de a poco el ambiente. De a poco la banda comenzó a entrar en calor, tomando en cuenta el accidentado inicio. Tate que comienza a mostrarnos que no sólo es un espectacular vocalista, sino que además es un excelente frontman, dirige las primeras palabras a la audiencia e introduce su Operation Mindcrime 2. La gente al escuchar Mindcrime prendió de inmediato, aunque fuera su segunda (y un tanto subvalorada) entrega. Las monumentales Hostage y The Hands fueron las escogidas. Tate, que ya estaba en plena forma vocal, se lanza con un speech acerca de The Hands de una manera muy expresiva y comenzando a dar vida a uno de los momentos más emocionantes del show. Bridge, ese maravilloso tema de su Promised Land sonó expresiva, con un Tate que no sólo canta, cuenta las historias, recrea sentimientos, realmente emociona. Uno de los mejores temas de Queensrÿche interpretado de una manera magnífica.
Ya a esta altura del partido nadie recordaba el impasse de veinte minutos atrás, todos estábamos rendidos a los pies de una banda que no por nada es esencial en la historia del rock y del heavy metal. Veintisiete años de trayectoria eran esparcidos en cada nota, una banda perfecta, con una base potentísima. Son ellos los que sentaron las bases de un metal que no sólo habla de sexo, drogas, rockandroll e historias inverosímiles. Se atrevieron a tocar temas intocables cuando nadie lo hacía, llevaron el metal a un nivel del cual hoy bandas como Dreamtheater se alimentan.
Another Rainy Night, otra gema del Empire, nos demostró que las bases eran innecesarias, que para eso había una banda que arriba de escena las hacía todas, y que el público hacía el resto, que si a Tate no le alcanzaba había mil voces más que coreaban, teniendo además un par de escuderos monumentales en Mike Stone y Eddie Jackson en las segundas voces.
Pero había más reservado. Si quedaban dudas de lo gran banda que es Queensrÿche, de lo aceitada que es esta maquinaria, se terminaron de desplomar cuando Scott hace un jueguito con la batería, lo sigue Eddie, luego la melodía entre Mike y Michael Wilton, que dio inicio a otro de los grandes momentos de la noche, Walk In The Shadows, simplemente soberbio, Tate cantando a un nivel superlativo, con un sonido, que si bien no era de una potencia ensordecedora, hacía que cada instrumento se percibiera claramente. El público tampoco estaba tan enfervorizado, quizás no quería perderse ningún detalle de lo que pasaba en escena, quedando casi en trance. Tate nuevamente nos habla y nos dice que para él había sido un orgullo el poder interpretar temas de bandas que lo marcaron y que fueron influencia de los de Seattle. Neon Knights, ese clásico de Black Sabbath, incluido en su última entrega, Take Cover, sonó furioso y encendió el ambiente, muy buena interpretación.
Lo de Last Time In Paris fue extraño. Es un tema que no aparece en ningún disco, sino que en un single de la época Empire, pero sonó pegajoso, la gente lo coreó igual, como si se tratara de un clásico, de esos que desbordan simpleza y emoción.
Lo que vino a continuación será uno de los momentos que el público atesora y que esperaba con ansias. Para nadie es un misterio lo que el disco “Operation Mindcrime” representa no sólo para la banda, sino que para la historia del heavymetal. Piedra angular no sólo para la trayectoria de Queensrÿche sino que para muchos de sus seguidores. Personalmente es el mejor disco que ha parido una banda de metal. Por todo lo que significa, por la historia, por su musicalización perfecta, por la fortaleza que De Garmo, Wilton y Tate formaron. Extrañaba que ya a una hora de show no aparecieran indicios de ese diamante conceptual. Breaking The Silence fue la primera y el Teletón comenzó a remecerse y a emocionarse y Tate dejó de ser Geoff para transformarse en Nikki ese ser desencantado del mundo, víctima de la manipulación del Dr. X. Y si con Breaking The Silence, el Teletón comenzó a temblar, todo se transformó en delirio cuando Stone (que le imprime un aura rockera a la banda) y el espectacular Michel Wilton (cuántos temas de los que el domingo pasado coreamos salieron de su mente) se pusieron uno frente al otro para iniciar los acordes de I Don’t Believe in Love, sorpresiva, porque no había aparecido en sus shows en Brasil. Pocas veces había visto un nivel similar de emoción en un concierto, la gente salió del trance en el que estaba y quiso ser parte, a todo pulmón de ese momento, de ese gran momento que tuvo en Tate un protagonista fundamental. A pesar de que el quinteto es una máquina aceitada perfectamente, los 4 músicos saben que es Tate el del protagonismo sobretodo en los temas del Mindcrime. Sin pausas, la batería de Scott da el vamos a The Needle Lies, un temazo, que no estaba contemplado en el set original y que se añadió como compensación por los temas que se sacaron del repertorio inicial, el que subió las revoluciones de los presentes que nunca imaginaron el conejo que Queensrÿche iba a sacar del sombrero.
Tate que nos habla de su Seattle, señalándonos que la ciudad tiene un nick. Ya todos sabían de qué se trataba, la ciudad de los jets, por lo que Jet City Woman fue la siguiente en caer, ya el público estaba pletórico, se sucedían los clásicos, uno tras otro, las poco más de mil gargantas cantaban el coro como una sola voz. Nuevamente la reminiscencia a su obra fundamental, Eyes of Stranger fue la encargada de cerrar la primera parte de su show, otro tema impresionante, con un Tate que ya con los años no hace los agudos de antaño (ya no los hacía en la época del Empire) sin embargo le dio al tema otra profundidad, mucho más cálida. Se retiraba la banda de escena, pero daba la impresión entre los forofos, que el problema del principio haría mella en el repertorio. Faltaban muchos temas, pero el primer fin fue muy tempranero.
La banda no quiso hacerse esperar demasiado y los acordes de ese bello tema llamado Lady Wore Black, que hoy es bastante distinta a como fue concebida, emocionaron a la audiencia. Nuevamente Tate al habla, señalando lo que significaba tocar acá y lo que significaban 27 años de trayectoria, anuncia que después de la gira se concentrarán en un nuevo disco, que tenemos, como ellos lo han hecho, seguir los sueños, seguir la llama. Take Hold of the Flame, ese maravilloso tema de 1984, de su disco Warning, cerraba el show. La gente, como se dijo al principio, se resistió a abandonar el recinto. Pasaban los minutos y eran pocos los que se movían. Entran los roadies a regalar souvenirs, mientras sonaba The Beatles de fondo, comienzan a desarmar la batería y ya parecía todo perdido, pero los fieles fans querían más y pasados más de 20 minutos desde el cierre, cuando empezaron correrías entre los roadies y los cables que se habían desconectado, volvieron a conectarse, instalando una luz de esperanza con la vuelta de la banda. Los que se quedaron, comenzaron a telefonear a los que se habían ido y cerca de 600 personas fueron testigos de un momento mágico. Entra Wilton, Stone y Tate para deleitarnos con una íntima versión casi acústica de Silent Lucidity, ese bello tema que les abrió las puertas al mundo. Si con Operation Mindcrime habían logrado vender un millón de copias, con Empire y sobretodo con el tema de De Garmo, la banda quintuplicó en ventas a su obra maestra. No importó que no hubiera bases, había 600 personas oficiando de escuderos, cantando cada nota de ese maravilloso tema. Un final casi surrealista, que nos regaló una banda cálida, cercana, preocupada de su gente, disfrutando cada momento (Eddie Jackson grababa el instante a un costado del escenario) y que le dio al show una característica especial.
Si bien no fue perfecto, a pesar de que estaba todo para que así sucediera, lo del pasado domingo fue único. Muchos ya saliendo del escenario no lograban asimilar lo que habían presenciado. Cuando salgan del trance sin duda recordarán una banda perfecta en todo orden, una máquina pulida y funcionando como reloj, tras veintisiete años. Cinco artistas que arriba del escenario mostraron todo lo que en su carrera nos han regalado: elegancia, potencia, pulcritud y emoción. Una banda quintaesencial, pero que sigue siendo de culto. Un verdadero lujo
Queensrÿche Set List
1. Best I Can
2. NM 156
3. Hostage
4. The Hands
5. Bridge
6. Another Rainy Night
7. Walk In The Shadows
8. Neon Knights
9. Last Time In Paris
10. Breaking The Silence
11. I Don’t Believe In Love
12. The Needle Lies
13. Jet City Woman
14. Eyes Of Stranger
15. Lady Wore Black
16. Take Hold of the Flame
17. Silent Lucidity (como trío, Tate, Wilton y Stone)
Nota: Por problemas técnicos quedaron fuera, a pesar de estar consideradas originalmente: Screaming in Digital, Gonna Get Close to You, Empire, The Killing Words, Anybody Listening
Jaime Contreras V.
|